Presentación del No. 22 por su Director, Rafael Bordao Difícilmente encontraríamos suficientes razones para que nos disculpen esta tardía Sinalefa #22. Les cuento que las contracciones y fastidios que nos han causado todos los obstáculos que hemos tenido que vencer en esta memorable y ardorosa batalla para publicar a tiempo la revista, son dignos de mencionarse en una novela tragicómica, pero no en esta presentación de Sinalefa que -desde hace ya algún tiempo- ha comenzado a ser tratada desde una perspectiva más responsable y exigente. Contrariamente a las anteriores ediciones de Sinalefa, este número se diferencia por pequeños cambios que hemos tenido que hacer a última hora; cambios que aunque no alteran mucho el carácter y la estructura de la revista, se hacen notable sin causarle daño. Hemos de confesar que debido a la cantidad de colaboraciones excelentes que nos llegan de todas partes, nos vimos en apuros en el siempre difícil proceso de selección. Y no está de más decirles que el interés por Sinalefa no cesa. Quizás en este número no hayamos insistido mucho en el medio siglo que ya lleva la gerontocracia de los Castro, un hecho insólito que llena de vergüenza a todos los amantes de la libertad en el mundo, especialmente a los escritores y poetas que ven casi a diario como se encarcela y se persigue a sus colegas de la isla que tienen un pensamiento independiente. Pero eso no es todo, lo paradójico es que nos llegan de Cuba textos de escritores para que se los publiquemos, y esto nos hace pensar que la astuta esquizofrenia revolucionaria (quieren la soberanía del Estado, pero no se la dan al ciudadano) ha desembocado en un profundo aburrimiento de las ideologías, y cada año son más los cubanos de la isla que no les importa mucho las consecuencias que le traerían abrirse a la verdad. Después de todo parece que la felicidad humana no depende de ninguna ideología. En cuanto a Sinalefa, partimos de la base que toda creación es tensión, contraste, alegría y descontento, y llegamos a la conclusión que todo eso es precisamente lo que le imprime significado a la revista y a nuestra propia vida. Los trabajos que aparecen en esta edición, tienen en común la misma búsqueda –aunque obviamente por senderos que se bifurcan- la búsqueda de un mundo diferente y mejor para todos. La discrepancia que existe entre el espacio que poseemos en la presentación y la cantidad de autores que publicamos en cada número, constituye el mayor desafío con el que siempre chocamos para darlos a conocer. Ojalá que nuestra escueta explicación sirva para que sean ustedes mismos quienes abran este regalo que le hacemos, y puedan ver el esplendor que emana de cada uno de los textos de los escritores aquí reunidos; pues a saber, la única finalidad hacia la que se dirige Sinalefa, es a la libertad de expresión. Rafael Bordao
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