Rafael Bordao
Los cuentos de Emilio Me aventuro a desmentir a los que dicen que el cuento está en peligro. A pesar de la poca atención que el mundo editorial le dedica, si lo comparamos con la cantidad de novelas que anualmente se publican en el mundo, al cuento de hoy no le va tan mal como a la poesía. Pese a las continuas denuncias de que el cuento es un género menospreciado, lo cierto es que en la actualidad hay un aumento significativo de sus lectores y un mayor interés por publicarlos, especialmente en Hispanoamérica y España, donde recientemente se han editado numerosas antologías y libros de narraciones breves. Y esto testimonia a la vista del público y del ámbito editorial, que el cuento como género literario continúa gozando de una excelente salud; prueba de ello es el presente libro, Los cuentos de Emilio, ambientado en un pueblo de Cuba, y compuesto por diecinueve relatos estrechamente vinculados a la vida de Emilio Mozo; estos cuentos en su mayoría están escritos en primera persona, y es precisamente su carácter autobiográfico, el que le da fuerza y credibilidad a los hechos que nos va narrando el autor. La publicación de estos cuentos -algunos de ellos han aparecido en la revista Sinalefa de Nueva York- no es únicamente un acontecimiento cultural de gran importancia, sino además, un intento insoslayable de superar el pasado y dejar constancia de una deuda saldada, que ha sido una preocupación constante entre los exiliados cubanos. Lo que nos tienta de esta colección de relatos y nos amarra a ella desde las primeras páginas, es sin dudas, ese abundante caudal de los propios recuerdos del autor-protagonista; las noticias que nos da sobre su familia y sus amigos; sobre las casas y las calles del pueblo en el que vive su infancia; sobre la efervescencia social que trajo consigo la implantación de la revolución, y sobre todo, los sucesos más íntimos -a menudo contados con atrevida sencillez- que nos revela en medio de un escenario groseramente opresivo. No deja de llamar la atención que un libro tan cubano como Los cuentos de Emilio se haya escrito en Vermont, por alguien que ha vivido la mayor parte de su vida en los Estados Unidos. El objetivo declarado de Emilio Mozo es contar esos episodios más sensibles de la memoria de un pueblo que, de la noche a la mañana, se vio atrapado en el discurso político de un régimen comunista que predicaba la abolición de la propiedad privada, de la libertad individual y la obediencia absoluta al nuevo dictador. En muchos de estos relatos se refleja y se refracta la nueva y corrupta sociedad cubana, mientras el lector va recibiendo ese placer de descubrir por sí mismo la atmósfera literaria subyacente, al tiempo que van ocurriendo los acontecimientos más ofensivos de la nueva sociedad. Emilio Mozo va tejiendo con sus cuentos una delicada malla hecha del más corriente hecho cotidiano, de algo intrascendente como puede ser un “durofrío”, una “silla de tijeras”, un “beso”, una “primera experiencia”, etc.; parte siempre de lo mínimo para hallar lo sustantivo y encontrarle un sentido más hondo a las cosas y a los sentimientos que nos va comunicando. El examen del material de estos cuentos nos permite observar dos procesos simultáneos: por un lado el aspecto de la infancia de Emilio, donde nos va dando cuenta de un sinnúmero de pormenores familiares, y por el otro, la transformación social que se va produciendo en todo el país, afectando desde la forma de comer y vestir, hasta la forma de hablar y pensar. Emilio Mozo ha logrado que algunas de estas páginas sean inolvidables como esas del cuento UMAP, un relato conmovedor y vívido, que nos narra las peripecias desagradables y humillantes por las que el protagonista es obligado a pasar. Otro de los logros del libro es que en cierto modo, el orden del tiempo de algunos cuentos aparece transformado y subvertido en el tiempo del discurso mediante saltos hacia el pasado o hacia el futuro, como es el caso de los últimos relatos: “Monólogo del dictador frente al balcón”; “Hamlet tropical”; y “César tropical”. También entre las novedades que aportan estos cuentos está la visión social con la que Emilio Mozo caricaturiza el fracaso político del dictador, y en el que todavía –al cabo de medio siglo de monopolio castrista- se encuentran atrapados todos los cubanos. Desde ahora, la perspectiva histórica nos permite hacerle justicia, tanto al autor como a estos cuentos, que –dicho sea de paso- representan abiertamente un desafío para la ortodoxia literaria. Rafael Bordao (La Habana), poeta, escritor y profesor cubano. Autor de numerosos libros de poesía y dos de ensayos. Dirige la revista Sinalefa. Vive exiliado en Nueva York. Emilio Mozo (Camagüey, Cuba) narrador y poeta. Recibió una maestría en lengua y literatura española de McGill University (Montreal) y completó los requisitos académicos para el doctorado en Middlebury College (Vermont). Fue honrado con el doctorado Honoris Causa en Literatura por la World Academy of Arts and Culture (1987). Como narrador ha publicado: Cuentos para niños traviesos (1994) Discretos aportes (1997) y Shakespeare tropical (1997); y como poeta: Desde el ojo de la hormiga (1987) En el ala del mosquito (1988) Marginalmente Literario (1991) Una como autobiografía espiritual (1993) y Entre el agua y el pan (1996).
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