Revista Sinalefa
SINALEFA
Revista Internacional de Arte y Literatura

Desde New York, E.U.A.
Director: Rafael Bordao
edarcas@yahoo.com

El teatro de resistencia en los campos de concentración
de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción
en Cuba

Diario El Mundo, 1966

Por Héctor Santiago

En 1935 una vez que los nazis toman el poder en Alemania, refuerzan la antigua ordenanza del reino prusiano conocido como Párrafo 175 del Código Penal, elevando el homosexualismo al nivel de delito criminal, atentado contra la Estabilidad de la Nación y ofensa nacionalista a la rígida moral y sexualidad colectiva de la Nación Aria, que se quería implantar como única manera permitida del Ser Nacional para crear la Raza Suprema. Donde junto con la condena por fusilamiento, cárcel, pérdida de derechos civiles, exclusión de trabajos, expulsión de viviendas y confiscación de propiedades, se incluía también la castración. A lo que siguió el menos conocido genocidio contra los gitanos, minorías étnicas, sectas religiosas, enfermos mentales y discapacitados, junto con el más divulgado holocausto judío. Poco sabrían los cómplices y sectores “neutrales” de la población alemana, que después de eso las atrocidades se extenderían a todos los que el nazismo señalara como “enemigos desechables” pues los que odian pueden terminar siendo odiados. Aunque si indagamos más atrás en la inútil Historia, ya encontraremos en la Roma Imperial penalidades, castigos y ejecuciones para los practicantes del homosexualismo –Aunque era algo ejercido desde los Césares para abajo con pública complacencia-. Entre los griegos el ser únicamente homosexual era ridiculizado pero el bisexualismo era una práctica común –Sobre todo entre los guerreros; de lo que nos habla ampliamente La Ilíada y sabemos de su más famoso practicante Alejandro El Magno-. Además extrañamente en el reino de Esparta el homosexualismo era permitido durante la adolescencia y juventud, pero se prohibía cuando se llegaba a la mayoría de edad.

También en el Antiguo Testamento la religión judía establecía su pena capital junto a variadas formas no permitidas del inevitable comportamiento humano. Pero es en el Medioevo con la Inquisición implantada por la Iglesia Católica, que por primera vez el Estado crea un intrincado mecanismo legal sostenido por ideas filosóficas, sociales y religiosas, apoyando todo tipo de justificaciones para su persecución, torturas, condenas, metodizando cuidadosamente sus condenas y ejecuciones públicas, que servirían de antecedentes para las que en nuestros tiempos se realizaron por el Talibán en Afganistán, y se realizan por fusilamiento, decapitamiento y horca en Saudí Arabia e Irán bajo las leyes musulmanas que penalizan cualquier desviación de la sexualidad religiosa. Es notable que religiones antagónicas, o sistemas políticos que se combaten, como el Nazismo, Fascismo y el Comunismo, utilicen como política de Estado los mismos métodos represivos para crear una masiva moral oficial -Awschuitz y el GULAG-. Y con menos barbarie criminal pero no menos refinada crueldad también se realicen en nuestros llamados países pertenecientes a la democracia occidental, donde todavía no se ha hecho un estudio profundo del resultado de la cruzada anti homosexual en los años 50, realizada por el Senador McCarthy en los Estados Unidos; aunque están bien documentados los homosexuales incluidos en la ignominiosa Lista Negra, despedidos de sus trabajos y que se suicidaron. O la persecución, confinamiento en cárceles y utilización como fuerza de trabajos forzados en la España franquista; específicamente en la creación del Valle de los Caídos, y cuyo símbolo más horrible fue la ejecución del poeta y dramaturgo García Lorca. Aunque algunos de estos movimientos han sido relegados al basurero de la Historia, sus mismas filosofías y métodos los mantienen vivos en nuestros tiempos los movimientos religiosos de derecha, grupos ultra nacionalistas y sectores militares –En el ámbito latinoamericano durante la década militarista de los años 70 los grupos paramilitares de los Escuadrones de la Muerte fueron los encargados de la sanidad social, ejecutando y persiguiendo a los homosexuales. Los cuales más calladamente aun sobreviven amparados por los políticos, formados por células policíacas desapareciendo travestís, asesinado líderes gays, destruyendo oficinas de organizaciones y atacando sitios de reuniones gays; más marcadamente en Brasil, Colombia, Centroamérica, México y Jamaica. Desgraciadamente estos atropellos contra los derechos del individuo, siempre encuentran apoyo en sectores de la población identificados con las justificaciones que se esgrimen, desconociendo que la represión totalitaria siempre comienza por individuos o grupos minoritarios, terminando por ser colectiva. Ya establecido ese trasfondo histórico, veremos que con sus variantes especificas, eso mismo se repitió en Cuba con la poca conocida persecución que sufrió la comunidad homosexual tan temprano como en 1961 con pleno 90% de apoyo de la población a la naciente revolución.

De los cuales apenas ahora se comienzan a conocer algunos detalles –Y algunos nunca se conocerán por la muerte de sus participantes, amnesias oficiales y quemas de records oficiales-; la famosa habanera incursión policíaca de las “3 P” –Proxenetas-Pájaros-Prostitutas-, el establecimiento de colonias penitenciarias en los cayos de la costa pinareña en Güanahacabibes; usando trabajo forzado reforestándolos sembrando eucaliptos ¿?, “recogidas” policíacas en centros culturales, playas y lugares de reuniones gays –En la llamada Década del Terror-, juicios públicos y expulsiones en centros de becarios –La Escuela de Instructores de Arte terminó inicialmente graduando sólo un 60% de su alumnado-, despidos de trabajos predominantemente en puestos educativos, depuración de universidades y prohibición de graduarse, campos de concentración de la Unidades Militares de Apoyo a la Producción, la llamada parametración que destruyó el floreciente movimiento teatral de los 70 y dañó irremediablemente el movimiento cultural, censurando a conocidos creadores homosexuales como Lezama Lima, Virgilio Piñera, Reinaldo Arenas, etc., forzando con su persecución a muchos al exilio y después llamándolos traidores, el kafkiano incidente de miles de hacinados en unos pocos metros cuadrados en la embajada del Perú que desencadenó el Éxodo del Mariel; en muchos casos quisieran o no abandonar el país volviéndolo obligatorio para los homosexuales con dossier en el Depto. de Lacra Social de la policía, vaciando las galeras de homosexuales de las cárceles, y sacando de sus casas a los denunciados a nivel de barrio por los Comité de Defensa de la Revolución, y ¡Oh ironía!, utilizado por la población masculina como disfraz para ser catalogados como “escoria social” y poder abandonar el país.  Pero esta comunidad al llegar a la “libertad” debía encontrarse con tres enemigos. El primero sería un problema común compartido por todas las comunidades hispanoparlantes de este país; un sector del exilio cubano marcadamente homofóbico, fundamentalistas religiosos y por prejuicios moralistas sin interés en rescatar ese periodo negro de nuestra infame historia -Y entiéndase exilio como grupo consecuente con su lucha política y no la cómoda ambigüedad de la emigración económica-. El segundo la férrea dictadura que ejerce la izquierda desde sus instituciones culturales, universidades y prensa, su marcada complicidad y servilismo con la utopía comunista cubana y su rechazo a darle voz a la realidad histórica del exilio cubano. Y finalmente la plaga del SIDA que con su devastación pudo lograr en algo los proyectos de la UMAP y con el cartelito de enfermedad homosexual alimentó el furibundo odio del “castigo divino” de los fundamentalistas, y reunió a los más reaccionarios sectores xenofóbicos en una campaña anti inmigrante dirigida contra los exiliados del Mariel y los balseros haitianos -Cuyos ecos han recobrado inusitado vigor en estos tiempos-. Este trasfondo histórico por desconocido y vasto ofrece un enorme material de estudio, para conocer el poco reconocido peso que llevó sobre sí la comunidad homosexual en Cuba en su lucha contra los desmanes de la llamada revolución cubana, en especial en el sector cultural y sus creadores, contra los que se ensañaron para detener cualquier tipo de disidencia, erradicando un comportamiento que no se avenía con la conocida imagen del Hombre Ario nazi, el Hombre Fascista, el Hombre Nuevo stalinista, el guerrero del Jihjad y otros íconos anti homosexuales. Pero teniendo que escoger entre todas sus manifestaciones de disidencia, nos limitaremos a las muestras que esta resistencia cobró específicamente en el teatro de resistencia que surgió en los campamentos de concentración de la llamada UMAP, disfrazados como parte del Servicio Militar Obligatorio instaurado por la revolución.  

Viendo que entre censuras, rechazos y muertes, pronto los testimonios quedarían olvidados, sujetos al recurrido “olvido” y justificados “errores del pasado”, me propuse asumir mi compromiso con esa realidad vivida en carne propia y por toda mi generación, odiando como odio la política –Aunque no temo politizarme cuando es necesario-, decidiendo utilizar mis armas como escritor y dramaturgo plasmándola aunque fuera para el anonimato de la gaveta. Cuando comencé a ahondar la investigación histórica para mi obra teatral “El loco juego de las locas” -Ediciones Libretaos, The Prebyster’s Peartree, Princeton, New Jersey 1995- y mi anónima novela “Infernizando”, comencé a notar ciertas constantes en todas las latitudes y épocas que han sufrido el azote de los ambidiestros horrores totalitarios.

Durante años de estudios y viajes tuve la oportunidad de conocer de primera mano a presos políticos chilenos cuando la infamia pinochista, que organizaron en los campos de concentración del desierto de Acatama espectáculos teatrales, también una bailarina cuando la Guerra Sucia argentina daba conciertos de danza entre las torturas de las clandestinas celdas de la desaparecida Escuela Militar, en una colonia carcelaria de trabajo maoísta un miembro de la Opera de Pekín condenado por la Revolución Cultural China, utilizando cabos de velas proyectaba sombras chinescas de periódicos recortados en el pasillo de las celdas interpretando las prohibidas operas, un octogenario ex travestí de Munich me contó su experiencia llevando el homosexual triángulo rosado en el campo de Neuengamme, pude conocer al único sobreviviente del grupo de teatro del ghetto judío de Vilnus en Lituania que perecieron en Awischuitz, vi partituras creadas por el coro de niños cantores asesinados en el campo de Treblinka, junto con otros estremecedores y hermosos testimonios del poder del teatro para ayudar a sobrevivir en medio del espanto. En todos el poder ritual del teatro emergía como un elemento de resistencia, esperanza, sanidad, sobrevivencia, los mismos elementos universales de la infamia y las manifestaciones teatrales se repetían en sus elementos fundamentales en todos estos campos y cárceles. De algunos -Como en Awischuitz- quedan partituras, lieders, obras dramáticas, una opera infantil, fotos y pequeños films. Desgraciadamente los textos cubanos sufrieron peor suerte. Los escritos entre otros por el poeta y dramaturgo José Mario, tras salir de la UMAP los quemó ante el miedo por la constante vigilancia de la Seguridad en la antesala de su exilio español, los del folklorista Benigno Garbizo parecen haber terminado en la basura tras su muerte en New York, los del escritor Jesucristo Castro murieron con él al ser fusilado por intentar desviar un avión hacia Miami, los del escritor  Jorge Ronet le fueron decomisados en el aeropuerto habanero el día de su exilio, otros como todos los efímeros textos de ocasión fueron desechados en los mismos campamentos tras ser representados –Una ley los catalogaba de Propaganda Contrarrevolucionaria y su pertenencia conllevaba una condena de 5 a 10 años-, debían sufrir constantes requisas, denuncias de los kapos vigilando las barracas, bruscos cambios de campamentos, férreos registros acompañando las entradas y salidas, lo que se botó antes del exilio, los que prefirieron olvidar sumidos en el insilio, los que se acomodaron al papel de artistas oficiales –Los más conocidos el compositor Pablo Milanés  y el director teatral Armando Suárez del Villar-. Mis papeles incautados en las requisas en los campamentos deben haber sido destruidos en 1980, cuando se quemaron los expedientes de la UMAP tras el presidente Reagan haber ocupado la presidencia de los Estados Unidos, ante el temor de una de esas milenarias intervenciones militares que nunca se han plasmado. Los originales que pude sacar clandestinamente o reescribir después, fueron incautados por la Seguridad en los periódicos registros en mi casa, quemados por miedosos amigos a los que se los confié al exiliarme. Ya en New York algunos fueron reconstruidos de memoria en mis empolvadas obras “El loco juego de las locas” y “Rosado como el triángulo de los ángeles”, las novelas “Infernizando”, “Los expulsados del paraíso” y algunos cuentos. Desde entonces la UMAP ha dado lugar a un ínfimo número de cuentos y novelas, pero la especifica experiencia homosexual –A mi parecer más imaginativa, picaresca, desenfadada, rica y cruel- apenas ha dejado el testimonio de Jorge Ronet publicado en la noveleta “La Paloma Negra”, una novela inconclusa de José Mario –Sólo su capítulo “El Stádium” publicado por Monegal en la revista “Mundos Nuevos”-, el documental “Conducta Impropia” y lo escrito por mí que permanece anónimo. La reciente censura de la experiencia homosexual en el libro “La UMAP El Gulag Castrista” de Enrique Ros, me ha llevado a tratar de dar a conocer antes de morir la desconocida actividad teatral que se llevó a cabo en sus campos de concentración, rescatarla para darle voz a tantos muertos y censurados, porque como dice Milan Kundera: “La lucha del hombre es contra el olvido”. 

Todo el que conozca los elementos culturales del cubano sabe la inescapable influencia africana fácilmente detectable en sus manifestaciones musicales-teatrales, qué sino grandes pantomimas sensuales son el yambú y la rumba donde el llamado vacunao es la mímica del acto sexual, al igual que el zapateo guajiro con su remedo fálico del pañuelo rojo y el pisoteo del púbico sombrero de yarey. Los plantes ñañigos son teatro ritual de la religión abakuá desarrollados en claros actos con presencia de coros y personajes narrando una historia. La posesión del cuerpo del oficiante llamado caballo por el espíritu cósmico del oricha yoruba es teatro dentro del teatro, con una definida puesta en escena con trajes rituales, bailes y canciones de cada deidad. La misma estructura de los Misterios Délficos y de Osiris, con su gran teatralidad domina la procesión y ofrenda de frutas al río del iyawó que se hace Santo. La Tumba Francesa de los Congos Reales de Santiago de Cuba imita el espectáculo versallesco de una corte negra, logrando su clímax con el rito primaveral del Palo de Mayo de las danzas provenzales francesas al ritmo de tambores y maracas. Junto a eso el ego exacerbado del individualismo isleño, barroquismo de nuestros excesos verbales, improvisación que a través del choteo todo lo destruye, el uso del idioma en los mambos de Pérez Prado, el Beny Moré, el teatro bufo y la obra de Cabrera Infante, y ya se tiene parte de nuestro ajiaco del cómo somos, nos manifestamos, y la estética del teatro de resistencia gay en los campos de concentración cubanos. Ciertamente a esto hay que agregarle ciertas características nacionales -¿o universales?- de la “loca”; sentido de insolencia ante la represiva heterosexualidad impuesta, rebeldía ante el totalitarismo, destrucción del conformismo moral burgués, imaginería fantasiosa, travestismo teatral del remedo exagerando la “feminidad cubana”, innata sensualidad caribeña, y la iconografía de la cultura popular con sus múltiples elementos kitsch.

Como en todas nuestras cerradas y tradicionalistas sociedades lusitanas-hispanas-latinas, el modelo de comportamiento social del homosexual es más permisible -Si no puede mantenerse en la mascarada invisible del anonimato del closet-, si se ajusta al patrón del homosexual “gracioso” y “bufón”, y en el terreno de la sexualidad si adopta el definido parámetro de la “pasividad” que lo equipara con el inofensivo comportamiento débil e inferior de la mujer –Una antigua ley zarista reforzada por el ejército soviético y vigente en el ejército cubano, castiga con 5 años de prisión al homosexual pasivo y sólo 3 al homosexual activo-. Este homosexual relegado al margen de la sociedad, proveniente de las urbanas clases pobres, provincias, o enclaves campesinos, relegado a trabajos de criados, en prostíbulos, “oficios gays” como peluqueros, costureros, etc.-, con poca educación, baja auto estima, en algunos casos parte del mundo del hampa o producto del régimen carcelario, inicialmente constituyó el material humano de los primeros llamados a la UMAP a comienzos de 1965. Ha partir del segundo semestre y comienzos de 1966 se les unió el sector educado de profesionales y artistas, vistos como “elementos trasgresores de la moral socialista”, “rezagos del pasado”, “incompatibles con la imagen del Hombre Nuevo guevarista”, “inutilizable para las campañas militares del internacionalismo proletario”, potencial disidente por su independencia de criterio o apatía ante los credos marxistas. La UMAP buscaba utilizar como mano de obra esclava a los elementos no considerados utilizables, dentro de un ejército que formaría las ingerencistas guerrillas latinoamericanas de los años 60 y los ejércitos invasores de la aventura imperialista cubana en África, Asia y otros lugares. Pero aun dentro de estos elementos de la población cubana segregados, el homosexual fue resegregado en los primeros grandes campamentos mixtos, pues sus barracas estaban separadas del resto de las de los “hombres” por alambradas  –Algunas electrificadas- que se prohibían cruzar, sus horarios de comida, baños, sitio de formación en el polígono militar y las brigadas de trabajo, se formaban apartes, así como sus zonas de trabajo. Pero ya a comienzos del 2do llamado en 1966 se habilitaron únicamente campamentos, siempre en lugares apartados de las carreteras, caseríos, y en medo de los vastos cañaverales en torno a los grandes centrales e ingenios de la planicie camagüeyana.

Recuerdo entre el grupo de artistas al pintor Justo Pérez y los integrantes del grupo plástico que dirigía la pintora Loló Soldevilla...-, los actores; Rafael de Palet, Jorge Ronet, Amalio Villalba..., bailarines; Héctor Aldao, Gustavo Herrera… Directores; Armando Suárez del Villar…- Escritores; José Mario, Jesucristo Castro…-, músicos; Pablo Milanés, cineastas, diseñadores, profesores, bibliotecarios, decoradores, periodistas. Concentrados bajo el pretexto de erradicar el “peligro homosexual”, aunque en realidad otras figuras públicamente homosexuales pero leales al Sistema escaparon a tal represión -Miguel Barnet, Vicente Revueltas, Abelardo Estorino, Raúl Martínez, Portocarrero, Alfredo Guevara…-, evidenciando su carácter de represión política-ideológica. En sus comienzos la marcada separación entre estos dos grupos dio pie a un ácido desprecio, burla y aislamiento de los llamados “finas” por parte de los demás, sobre todo del grupo autollamado “las públicas” que usaban como arma de rebelión sus híper exageradas maneras femeninas. Pero pronto la interrelación humana, necesidad de sobrevivir y compartir la misma represión, creó un clima más solidario y propicio para que los artistas contribuyeran a que las manifestaciones culturales formaran parte de la vida diaria de los siniestros campamentos.

En medio del brutal trabajo de la caña y la agricultura -5 a.m.-3 p.m. y durante la zafra hasta que se hubieran cumplidos las metas-, condiciones insalubres –piojos, chinches, pulgas, sarna, diarreas-, torturas, suicidios, depresiones, locuras, hambre, humillaciones, falta de cuidado médico y el inseguro futuro, pronto la necesidad de buscar formas de escapismo se hicieron evidentes. Las primeras manifestaciones fueron “Contar la película”; una forma de entretenimiento traída por los prisioneros de las cárceles de delitos comunes, tan magistralmente plasmada en “El beso de la mujer araña” de Puig. Originalmente estas narraciones verbales fueron convirtiéndose en largos monólogos donde el que contaba se desdoblaba en tres niveles: a) Los personajes. b) Narrador de la acción,  escenario, y musicalisador. b) Comentarista “desde afuera” que criticaba o ensalzaba el comportamiento de los personajes, enfatizaba la moraleja de la historia. Pronto aunar en una misma narración a diversos “conocedores” de las películas, dio lugar a representaciones donde se repetían o improvisaban sus diálogos, tratando de ser totalmente fieles al argumento de la película. Las películas contadas provenían de la Época de Oro del cine mexicano de los 40-50 tan populares en Cuba, algunas del cine melodramático argentino de la misma época, y del cine español tenían mucho éxito las películas de zarzuelas y las de cuplé de Sarita Montiel. Muy en raras ocasiones el cine norteamericano con “Casablanca” y “Jezabel” de Bette Davies aunque sí algunas de cow boy, soldados de la II Segunda Guerra Mundial y las de gánster.

Otra forma marcadamente subversiva de teatralidad, era la mofa ejecutada muy seriamente de las “bodas” y sus participantes, copiadas al calco del mundo heterosexual, no faltando los más veraces atributos del vestuario de la “novia”, el “novio”, “damas”, “invitados”, el sacerdote, músicos interpretando la “Marcha Nupcial” y el cantante del “Ave María”, además del entorno de adornos con flores silvestres, cortinas, buffet con la comida enlatada que se daba en el campamento, alcohol de la enfermería con melado o azúcar, licores de frutas fermentadas o el aguardiente de caña de los alambiques clandestinos, culminando con el “viaje de luna de miel” a un supuesto país con el que se bautizaba la “torre” de camas una encima de otra –En los años 80 esta parodia del mundo heterosexual hizo famosa la película norteamericana “Paris is burning”, creando la moda “Vogue” imitada por Madonna, formando en New York las llamadas “escuelas” que competían recreando y compitiendo con esas imitaciones-.

En los campos el confinado perdía su identidad al ser deshumanizado por un número, y su respuesta era la subversiva otraridad del “nombre de campamento”, siempre copiado de las actrices, vedettes y cantantes famosas de las películas o la televisión cubana, al que se adicionaba el número: “Rosita Fornés la 66” “María Félix el 2” “Toña la Negra el 7”… Lo que se transformaba en un travestismo teatral al adueñarse además de sus personalidades, convirtiéndose en verdaderos dobles que podían imitarlas a la perfección, llegando a tener la “exclusividad” de interpretarlas, dando lugar a festivales de “competiciones”donde se adjudicaban premios a la mejor representación, pues a veces en los traslados coincidían en un mismo campamento dos “Ninón Sevilla”, tres “Tongolele” y hasta cuatro “María Antonieta Pons”-.

Sirviendo como preludio para desarrollar la manifestación de los “shows” de cabaret, que llegaron a ser la forma más perfecta y rebuscada del entretenimiento en los campamentos. Copiados del nocturno mundo habanero, se anunciaban como producciones de famosos cabarets como “Tropicana, Sans Souci, Montmartre, los pintorescos de la playa de Marianao “El Chori, El Niche, La Taberna de Pedro”, los capitalinos “Rumba Palace”, el televisivo “Cabaret Regalías”, etc. Eran preparados con meses de antelación, donde los artistas servían de guionistas, coreógrafos, diseñadores, directores musicales y a veces de interpretes junto al resto, estando a cargo de diversos grupos tratando de superar anteriores “producciones” de los grupos rivales, manteniéndolas en el más absoluto secreto ensayando entre los surcos de caña durante la hora del descanso, de noche en las duchas, confeccionando lo vestuarios escondidos bajo mosquiteros o de madrugada cuando todos dormían. Apegados fielmente al acto de variedades con un oppening, cantantes, vedettes rumberas, declamador, bailarines, coro de modelos, artista internacional invitado y gran final, básicamente compuestos en su totalidad de música cubana, algún tango o mexicanada. Los más grandes se solían hacer para celebrar fiestas nacionales como el “20 de mayo”, el fin de la zafra azucarera, la Nochebuena y el Año Nuevo y aunque eran severamente reprimidos, después con aires de “actos culturales” burlaron el cerco de los espías, desconociendo los severos castigos, para con una ironía que escapaba a los verdugos celebrar el “26 de julio” o “el aniversario de la revolución” -¡La misma que los quería exterminar!- También se celebraban “rumbas de cajón”, “cumpleaños”, “toques de Santo”, y el 6 y 7 de septiembre los días de la Virgen de la Caridad y la Virgen de Regla, las más famosas en el santoral católico nacional y con grandes adeptos entre los homosexuales en sus manifestaciones transculturales de Ochún y Yemayá en la Santería. Solían celebrarse los viernes o sábados pues al otro día no había trabajo y siempre después de la cena entre las 8 P.M. y el recuento a las 10 P.M., dentro de las barracas escapando a la vigilancia de los guardias en las torres armadas entre las alambradas, desde donde vigilaban todo lo que sucedía en el campamento. En la Unidad de Malesar se organizaban carnavales que coincidían con los de La Habana, y en la siniestra Unidad 2530 en Chambas construida sobre un pantano con tal nube de mosquitos que podían matar a un caballo, existía una escuela de ballet dirigida por bailarines de cabarets y dos integrantes expulsados del Ballet Nacional bajo la guía de Alicia Alonso, donde se montó “El Lago de los Patos” y “Gisela en Camaguey”.

Tratando de mejorar el nivel cultural los artistas profesionales organizaron lecturas de poetas, que devinieron en “noches de declamaciones”, donde el modelo actoral a seguir era Luis Carbonell uno de los iconos gays de la Cuba republicana. Aunque Lorca logró adeptos debo confesar que el kitsch de Amado Nervo, José. Ángel Buesa, Alfonsina Storni, proveyó los modelos a seguir entre los que comenzaron a escribir poesía, o los que previo pago en dinero o mercancías, junto con las cartas encargaban a “las finas” poesías de amor dirigidas a los guardias con los que sostenían relaciones, así como a los “hombres” de los campamentos cercanos. También se hacían lecturas de novelas rosas con los mismos elementos de “Contar la Película” donde Corín Tellado fue la reina absoluta, no faltando escenificaciones de famosas telenovelas como “El derecho de nacer”, “Soraya” y programas radiales como “La novela del aire”. Tomados de los “juguetes cómicos” de las carpas populares y los sketchs del “Noticiero Nacional” de Manolo Alonso, se escribieron pequeños textos bufos montados al estilo de los comediantes Garrido y Piñero, o copiados del programa radial “La pequeña corte” de Pototo y Filomeno. También en la mejor tradición del choteo sainetero, junto con otros escribí unos hilarantes “Desfile de Modas de la UMAP” y parodias del programa televisivo de cocina de Nitza Villapol, que en pleno racionamiento hacía recetas de “asados sin carne” “tortilla sin huevo” “sopa de cáscaras de viandas”… Recuerdo uno escrito por el actor Cristóbal Pérez que era una joya ionesquiana de cómo cocinar un boniato para que durara un mes y que literalmente hizo a todos orinarse de la risa –Algunos reconstruidos los incluí en “El loco juego de las Locas”-. También se hicieron mini versiones de obras teatrales donde recuerdo “Sayonara” y “Romeo y Julieto”, algunas sátiras alusivas a la vida del campamento, así como ridiculizando a los verdugos militares. Otra forma teatral era la obligada “Instrucción Política” donde se estudiaban textos revolucionarios, teorías marxistas, noticias de la prensa oficial y discursos oficiales. Y digo teatral, porque la lectura pronto se convirtió en una forma de actuación, donde el tono burlón, imitación, lenguaje corporal, expresiones faciales, se entremezclaban con la aparente inofensiva lectura, provocando una segunda realidad enviando mensajes subliminales comprendidos por todos bajo las mismas narices de los comisarios políticos, con no pocas carcajadas recordándolos después durante la dura estancia en los campos del trabajo obligatorio –Había un mulato santero simplemente conocido como Juana Picadillo, que creó todo un estilo leyendo los discursos de..., dotándolos de un lenguaje corporal tan exageradamente afeminado, que el contraste entre lo que leía y lo que hacía era tan kafkiano que lograba un cómico distanciamiento brechtiano-. Quizás si estiramos mucho el concepto también eran “formas teatrales” el fingir falsas enfermedades –Buscando días de descanso cuando no se quería recurrir a la automutilación de los machetazos-, y fingir locuras –Como comer excrementos para lograr el licenciamiento-, los cuales se preparaban, ensayaban y analizaban con ayuda de un grupo de expertos con absoluta meticulosidad, perfección y apego a los síntomas. Yo no creo que ningún grupo tenga la autoría del dolor, ni el salvajismo tenga gradaciones menores y mayores, pero siempre he sostenido que dentro de la UMAP los dos grupos que más se pueden encasillar bajo las prácticas del genocidio son los Testigos de Jehová y los homosexuales. De los primeros hasta el día de mi muerte se han ganado mi incondicional respeto –No me importa si lo describen como fanatismo; yo sé reconocer el poder inquebrantable del espíritu humano-.

De nosotros diré que fuimos sometidos a salvajismos únicamente creados para nosotros. En 1964 como preludio de la UMAP se celebró en La Habana un Congreso de “psicología marxista”, donde se presentaron ponencias condenando el homosexualismos y proponiendo curas que iban desde los electros, a tratamientos de “reconversión sexual” usando las teorías de los reflejos acondicionados del ruso Pavlov. Cuando finalizó el Congreso se quedaron en La Habana un grupo de la Universidad Carolingia de Praga, psicólogos comunistas italianos, mexicanos, argentinos, y rusos, que se unieron a los miembros cubanos del Departamento de Psicología de la Academia de Ciencias radicada en el capitolio, el Departamento de Sanidad Mental del Ministerio de Salud Pública y la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana, creando unos experimentos de choques de insulina, vomitivos y electros, mientras se miraban fotos de hombres desnudos y actos homosexuales para crearle a los individuos un rechazo interno, después en un ambiente relajado con música, proporcionándosele café, dulces, cigarros, sándwiches, se le mostraban mujeres desnudas y actos sexuales heterosexuales, acompañados de largas sesiones de terapia fiscalizadas por teams de psicólogos, sexólogos y psiquiatras. Como se escogía a los de aspecto más viril que evidenciaran menos predisposición femenina y acumularan más puntos para ser curados, pronto estuvo más que claro qué tipo de “representación masculina” se buscaba, evidenciando el progreso de los “tratamientos” acortando las sesiones. Lo que dio pie al travestismo personificando al otro, procediéndose en grupos a “montar” y “ensayar” su expresión corporal, tonos de voz, gestos masculinos, sinceridad en el deseo de curarse para poder integrarse a la revolución, así como ocultamiento de la personalidad homosexual; finalmente representado ante un grupo para su visto bueno, crítica, corrección y sello de veracidad. Todas estas manifestaciones de luchas y disidencias eran penalizadas como “ofensa militar”, “contrarrevolución”, “delitos contra la Propiedad del Estado” y podían conllevar supresiones de pases, visitas familiares, ser enviados a la Seguridad del Estado, juzgados en los Tribunales Populares al termino del “servicio militar” para cumplir una condena, sufrir las sádicas torturas como “El Palo” “El Trapecio” “El Ladrillo” “La Soga” “El Hoyo”, o ser internados en las temibles mini celdas de castigo llamadas “Vietnamitas”. Pero nada de esto lograba desaparecer estos recursos de resistencia formando parte de la sobrevivencia de la vida en los campos, siendo utilizados como arma de desgaste de la victima en perpetuo juego para vencer al verdugo. Y nada provocaba mayor histérica impotencia en los jefes de los campamentos, respondiendo con torturas y castigos, que el “montaje” del entorno teatral de estos espectáculos. ¿Cómo era posible que con una elaborada red de informantes, constantes requisas, cateo diario antes de entrar al campamento proveniente del campo, jamás faltaron vestidos de novias, bikinis de rumberas, vestidos de vedettes, etc., y hasta escenografías? Represión obliga; la propensa fantasía del homosexual para escapar a la aplastante realidad, su deseo o capacidad para embellecerse el entorno y la vida, quizás su capacidad artística, comenzaron a manifestarse adornando la rigidez militar de las barracas con cortinas en las camas, sabanas bordadas, fotos de artistas recortadas de revistas, botellas de sodas tornadas floreros con flores de papel, etc. Así que cuando aparecieron las manifestaciones teatrales ya el camino estaba iniciado, encontrándose los materiales en mosquiteros, sabanas, toallas, gasas de las vendas médicas, blancos sacos de harina, sacos de yute del azúcar, teñidos con violeta genciana, mercurio cromo, azul de metileno, bijol, borra de café, tierra, cal, óxido de hierro y cobre, zumos vegetales, deshilados con la técnica del macramé, a los que se cocían, pegaban con cola de carpintero, pegamento de zapatero, o almidón, pedazos de espejos o rayaduras de sus azogues, botellas de colores trituradas sustituyendo lentejuelas, materiales encontrados en el campo, vendidos en bolsa negra, robados de la enfermería, almacenes de la cocina, metidos en el campamento de miles de ingeniosas maneras.

Junto con sogas deshilachadas, traperos de limpiezas, deshollinadores, teñidos para hacer pelucas y ristras de flecos, el caqui de los uniformes militares verde olivo de los soldados se desteñía con lejía, cal viva, potasa de los jabones amarillos, hervían con fertilizantes, transformándolos en telas amarillas que se recosían a mano, lo mismo se hacía con los uniformes de mezclilla azul de los internados. Las gorras militares se transformaban en sombreros cabareteros con ayuda del celofán, nylon, papel de china y metálicos, plumas de aves encontradas en el campo, hojas secas de la hermosa yagruma, algodón de ceibas, yarey de las palmas, flores silvestres, cristales de botellas. Las inmensas hojas de plátano servían junto con las de la caña y otras para escenografías tropicales. También se hacían collares de flores silvestres, junto con manillas de semillas del campo como Santa Juana -estas por ser blancas podían teñirse y usarse cociéndolas como aplicaciones adornando los vestidos-, mate, peonías, ojo de buey, ristras de frijoles; agujereados con clavos al rojo. El maquillaje se negociaba en bolsa negra por útiles del campamento; toallas, sabanas, latas de comida rusa, etc., o se compraba a los familiares que venían de visita, traían los internados del pase o compraban a sobreprecio en las Tiendas del Pueblo de los pueblecitos cercanos. Cuando no un ladrillo molido proveía polvos naranjas, tierras o arcillas de determinados colores se ligaban con aceite creando una pasta, se ligaba talco con mercurio cromo que cuando se secaba servía de base, se ligaba bijol con vaselina, jugos de flores silvestres sustituían pintalabios y coloretes, la mascara de pestañas se lograba ligando con manteca o sebo el betún de zapatos, hollín de vela y el fondo de las cazuelas, la sombra para los parpados se sacaba del óxido verde del cobre, y las de brillo metálico se lograban raspando los espejos y la limalla de los machetes al ser afilados, aplicándolos ligados con grasa, los rostros de geishas de “Sayonara” se lograron con loción de calamina y polvos de zinc. El “respaldo musical” se apoyaba básicamente en la percusión tocando cajas de madera, bidones de petróleo, latas de aceite o manteca, golpeando con cucharas guatacas, las quijadas de vaca encontradas en el campo, maracas hechas con latas de comida o güiros secos rellenos de piedritas, algún cencerro abandonado en el camino, claves hechas de palos de escoba, coro de palmadas y por supuesto la voz humana. Las barracas variaban en cada campamento; algunas habían sido vaquerías de elementos de cemento prefabricado, pero las más comunes eran de madera con o sin ventanas, con una sola puerta de entrada, techos con las infernales planchas de zinc que de día alcanzaban más de cien grados de calor y por la noche sudaban por el frío de la campiña cubana. Las “torres” de dos camas estaban pegadas a las paredes laterales, dividido el lugar por un pasillo central, al fondo se ponía de pared a pared una soga con sabanas o sacos de yute cosidos haciendo de telón, convirtiéndose las camas cercanas en los “camerinos”, al fondo del “escenario” con arreglos de plantas y flores silvestres, o el cartón de cajas, se pintaba la escenografía. A un lado del telón se colocaban los “músicos” y en el pasillo se congregaba el público.

En las puertas y ventanas se colocaban los vigilantes listos a dar la voz de “¡Los guardias!” o “¡Requisa”, pues denunciados por la red de informantes la guarnición solía irrumpir armada con bayonetas, palos o cadenas, destruyéndolo todo, golpeando y encarcelando a los intérpretes. Ya a comienzos de 1967 la tenacidad invencible de los confinados y el desgaste cotidiano, hizo que la promiscuidad alcanzara a la baja oficialidad y los reclutas -También cumpliendo sus castigos del Servicio Militar Obligatorio sirviendo en la UMAP-, y cuando los Jefes de Unidades y Comisarios políticos estaban ausentes se hacían públicamente mini shows en los terraplenes que hacían de polígono militar con la complicidad y asistencia de éstos.  Robándole el termino a la izquierda este “teatro de los oprimidos” fue una eficaz forma de mantener la sanidad psicológica, balanceó el desespero, ayudó en la espera de lo desconocido y alteró  la monotonía codificada de los campamentos.

Si pasamos por alto los elementos sui generis de la realidad cubana, veremos que son las mismas manifestaciones que han aflorado en cualquier época y pueblos donde el ser humano ha sido sometido a la salvajada de que somos capaces unos contra otros, no importa si justificándolas en nombre de la política, religión, moral, la patria, etc. Y cuando ante la denuncia internacional se cerró en 1968 el último campamento de la UMAP en Esmeralda, en 1970 a homosexuales y artistas aun les esperaba el Congreso de Cultura con la “parametración” del movimiento teatral, en 1980 ser expulsados como “escorias” por el Mariel, en 1990 ser condenados como traidores cuando se asilaron en la base naval de Guantánamo. Y en el 2000 atrapados en el eterno círculo concéntrico de la inescapable represión del totalitarismo, después de más de cuarenta años de los “errores del pasado”, se les está aplicando en Cuba la “Ley de Peligrosidad Social” a los travestís, con condenas de cinco años de cárcel, por el sólo hecho de existir, nuevamente esgrimiendo todo tipo de razones. Sin que encuentren una sola voz de solidaridad y denuncia en el exilio cubano en los Estados Unidos. Esta visto que perro huevero aunque le quemen el hocico…

New York-8-20-2008   

Héctor Santiago (La Habana 1944). Dramaturgo, poeta, escritor y teatrista. Ha recibido numerosos premios y ha sido traducido al francés, inglés, catalán y portugués. Su novela y obras de teatro sobre la UMAP permanecen inéditas. Reside en New York.

Estadísticas
Para anuncios ver la tarifa...

Creative Commons License
Revista Sinalefa by Revista Sinalefa is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Estados Unidos License. Based on a work at www.revistasinalefa.org.
Permissions beyond the scope of this license may be available at http://www.revistasinalefa.org

Webmaster: R. Tápanes
Email  

 

Enterrados vivos
Un libro escrito desde la cárcel por el disidente Héctor Maseda Gutiérrez, el testimonio de los que sufren la represión y la tortura en las cárceles cubanas...
Primera parte
Descargar
Segunda parte
Descargar

La Revista Sinalefa llega a decenas de colleges y universidades estadounidenses y tiene suscriptores en más de veinte países. Cuenta con una amplia presencia en la Web. El perfil de sus lectores se compone de profesores, estudiantes, escritores, periodistas y aficionados a la buena literatura. También a través de sus ediciones, numerosos artistas plásticos, muchos de renombre internacional, han aparecido en sus páginas.

Para adquirir un ejemplar o suscribirse


Para colocar aquí (y en la edición impresa)
su anuncio

Ver tarifas...
Contratar anuncio...

Para suscribirse
(y recibir un fino obsequio, cortesía de la revista)

Suscripción por un año (3 números)...
Recibir un ejemplar...