Revista Sinalefa
SINALEFA
Revista Internacional de Arte y Literatura

Desde New York, E.U.A.
Director: Rafael Bordao
edarcas@yahoo.com

Herta Müller y el oscuro legado de la Securitate,
el servicio secreto de Ceausescu

Herta Müller

En el siguiente artículo, la flamante Premio Nobel de Literatura, Herta Müller, denuncia la situación del legado de la Securitate en Rumania, el servicio secreto de Ceausescu. Los archivos de la Securitate siguen siendo motivo de polémica, ya que están en manos de los antiguos responsables del servicio, aunque una ley del año 1999 decretó su administración por parte de un organismo independiente. Filtraciones y extorsiones han sido la tónica general de los últimos años, dado el minucioso control que el servicio ejercía sobre los ciudadanos rumanos.

Amnesia colectiva en Rumania

Rumania procuró cumplir con los requisitos de entrada en la Unión Europea. En términos económicos a la gente le va bastante bien, sobre todo en algunas regiones. Bruselas sigue llamando al país al orden en el área de la justicia y en asuntos de corrupción. Pero hay un elemento que afecta a todos los ámbitos y sobre el cual, por desgracia, ni Bruselas pide cuentas ni Rumania se ha ocupado de abordar: la liquidación definitiva de la dictadura. Es como si se hubiese desintegrado por completo, sin dejar huellas, provocando una profunda amnesia en todo el país, un país del que justamente había surgido la dictadura más abstrusa de Europa del Este. Una dictadura cuyo jefe, después de Stalin, fue el dictador más malvado, con un culto a la personalidad sólo comparable al que existe en Corea del Norte.

Ceausescu era un hombre colérico con un nivel de estudios mínimo, y siempre llevaba consigo, durante sus recorridos para controlar los acontecimientos del país, un contenedor de agua para bañarse. Era también aficionado, como muchos advenedizos, a la grifería y la cubertería de oro, debilidad que compartía hacia los palacios. El barrio antiguo de Bucarest, corazón de la ciudad, fue arrasado bajo sus órdenes. Su clan familiar y el servicio secreto lo tenían todo controlado, incluso a la Iglesia. El ocho por ciento de los sacerdotes ortodoxos estaban en la nómina del servicio secreto: eran agentes con sotana. Otro tanto sucedía con la prensa, la justicia, la educación y la sanidad. Pero no sabemos nada de eso, y se supone que no debemos indagar. La Securitate sigue activa.

La razón es simple. La Securitate fue responsable de la caída de Ceausescu, de su condena en un juicio sumarísimo y de su ejecución contra un muro roñoso en un cuartel militar. Oficialmente, el servicio secreto fue disuelto después de lo que se ha dado en llamar la revolución, pero los empleados no dejaron de recibir su paga, aunque discretamente. Parte de la Securitate pasó como si nada del antiguo al nuevo servicio secreto, y los más listos utilizaron la información secreta de que disponían para montar una red de chantaje y abrirse camino hacia la economía de mercado.

El acceso a los archivos de los servicios secretos fue, y sigue siendo, la clave de inmensas fortunas, todas ellas con un origen turbio. Esta es una de las razones por las cuales la corrupción alcanza los círculos más altos del gobierno, manifestándose a nivel local por todo el país, donde la vieja mentalidad sigue vigente, aunque lo haga con formas nuevas. En los hospitales, por ejemplo, nada ha mejorado. Hay tantas deficiencias como las había antes. Sigue siendo necesario sobornar al cirujano jefe y al personal de limpieza.

Diecisiete años después de la muerte de Ceausescu, el archivo de la Securitate aún era administrado y dirigido por el antiguo personal, aunque dentro del nuevo servicio secreto. Este último primero de enero, el millón seiscientos mil legajos del archivo fueron finalmente entregados a la autoridad legalmente responsable del material (CNSAS), designada en 1999 a regañadientes. ¿Cambiaría esta situación el estado de las cosas? Años atrás se habían aprobado leyes para la regulación de los archivos, pero esas leyes resultaron inútiles y la autoridad designada fue el fruto de una operación de maquillaje, meramente cosmética, ya que se veía reducida a pedir al servicio secreto los legajos día a día. El servicio conservaba la potestad absoluta de decidir qué legajos verían la luz. Con algunos de ellos eran intransigentes, alegando que aún estaban “bajo estudio”. A veces, cuando hacía falta desacreditar a alguien ante la opinión pública, estos legajos circulaban misteriosamente.

No he recibido la misma información cada vez que he preguntado sobre mis legajos. Al principio dijeron que tenían fichas sobre mi persona; después me informaron que no había nada. Es un rumor extendido en los pasillos de la autoridad que los legajos más explosivos están aún catalogados como “secretos”.

Bajo la dictadura, la gente cruzaba ilegalmente la frontera cada día. Muchos no consiguieron llegar al Oeste; simplemente desaparecieron. Es probable que fueran abatidos. Incontables son estos casos y las muertes conforman cementerios enteros. Los familiares de estos desaparecidos no saben qué es lo que pasó ni quiénes son los responsables. Información sobre asesinatos de “enemigos del Estado” tanto dentro como fuera del país, sobre suicidios y crímenes disimulados en accidentes de coche permanece clasificada en los archivos, y sus responsables gozan de impunidad. Y con ellos los innumerables informadores y los espías espontáneos o profesionales.

En esta situación pueden producirse escenas surrealistas entre víctimas y victimarios. Un antiguo disidente consigue un puesto de trabajo en la administración pública y es convocado a un acto de juramento. Al entrar en el despacho se encuentra cara a cara con la persona que lo interrogó en las salas de la Securitate, y ahora se dispone a hacerlo prestar juramento de fidelidad a la constitución democrática. O un antiguo preso político que acudió a un banco a pedir un préstamo, y el encargado de comunicarle la negativa resulta ser el antiguo director de la prisión. En Bruselas dirán que el antiguo debería dirigirse a otro banco. Si en la ciudad hubiera otro banco, el criterio de la UE sería aplicado. Ahora bien, la cuestión de fondo sigue siendo: ¿Quién es el director?

Este artículo fue publicado originalmente en el Frankfurter Rundschau el 2 de enero de 2007. Traducción para Biblioteca De Bagdad de Nicole Laffay y Ernesto Bottini

Herta Müller (Nytzkydorf, Rumania, 1953). Escritora de origen rumano-alemana. Autora de numerosos libros. Este año recibió el Premio Nóbel de Literatura.

Estadísticas
Para anuncios ver la tarifa...

Creative Commons License
Revista Sinalefa by Revista Sinalefa is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Estados Unidos License. Based on a work at www.revistasinalefa.org.
Permissions beyond the scope of this license may be available at http://www.revistasinalefa.org

Webmaster: R. Tápanes
Email  

 

Una de las voces más destacadas de la
actual poesía latinoamericana

Luis Benítez:
Breve Antología Poética

Selección e introducción por Elizabeth Auster

Descárgalo gratis de
www.publicatuslibros.com

Búscalo en la
"Biblioteca de Libros de Poesía"

publicatuslibros.com
Jaén, España

Cuba: Declaraciones de la madre del prisionero político Orlando Zapata Tamayo, fallecido en huelga de hambre ante la indolencia del régimen de los hermanos Castro....

Nro.23 Nro.22
Nro.21

La Revista Sinalefa llega a decenas de colleges y universidades estadounidenses y tiene suscriptores en más de veinte países. Cuenta con una amplia presencia en la Web. El perfil de sus lectores se compone de profesores, estudiantes, escritores, periodistas y aficionados a la buena literatura. También a través de sus ediciones, numerosos artistas plásticos, muchos de renombre internacional, han aparecido en sus páginas.

Para adquirir un ejemplar o suscribirse

 

Este espacio está reservado
para Usted

Para colocar aquí (y en la edición impresa)
su anuncio

Ver tarifas...
Contratar anuncio...

Para suscribirse
(y recibir un fino obsequio, cortesía de la revista)

Suscripción por un año (3 números)...
Recibir un ejemplar...