Revista Sinalefa
SINALEFA
Revista Internacional de Arte y Literatura

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Los últimos cambios en el panorama de las letras mexicanas

Janitzio Villamar

Por Janitzio Villamar

Desde la aparición de mi ensayo “México después de Octavio Paz” (Sinalefa 9), han cambiado un poco las cosas en la literatura mexicana, aunque no como para virar la dirección que ya tenía. Los autores apoyados por las instituciones gubernamentales siguen siendo los mismos, más unos cuantos por aquello de las “nuevas generaciones”.

Lo que ya había marcado se ha visto acentuado: las antologías de escritores apoyados por los grupos de poder, es decir, ellos mismos, continúan tratando de empoderarse. El caso más loable, por la idea que tiene pero no por lo que incluye es el de De boleto en el metro, antologías que se prestan en la línea 3 del metro de la Ciudad de México a quien las solicite. Lamentablemente, incluyen sólo a los autores que el gobierno del Distrito Federal quiere empoderar, en muchos casos los mismos que ya están presentes en los medios federales y en otros los de “izquierda”, sin importar la calidad, en muchos casos, la mayoría, muy dudosa. El público en general, eso sí, cuando los pide, los medio lee y a veces no los regresa pero, y he aquí lo más terrible del asunto, no contribuyen a que varíe el conocimiento de los autores porque los textos, cuando bien les va, aguantan una primera leída que divierte, pero ya no una segunda y menos la compra de un libro de cuentos o novela o poemas todos iguales.

Otro asunto relevante es la aparición de muchos grupos nuevos, algunos de ellos bastante exitosos, pues sus revistas ya no son tan artesanales como las de generaciones atrás, sino productos del diseño y bastante abiertas a propuestas. Esto finalmente permitirá que se rompan muchos ghettos. Revistas como Lenguaraz y Versodestierro van en este sentido. Otras se mantienen cerradas y agonizan o se mantienen gracias al presupuesto gubernamental, a veces a través de publicidad o ventas, a veces merced a la transa abierta, el robo de papel, tinta, impresión, etcétera. Revistas como Textofilia, Blanco Móvil y Generación son de este tipo. Otras, como Algarabía han orientado sus baterías a un nicho pseudointelectual que consume cultura de estanquillo, explicacioncitas de todo lo que se les ocurre, medio mal redactadas. Alforja, revista dedicada exclusivamente a la poesía, agoniza por su sectarismo y su mala elección de los materiales, todos de un solo tipo; como en otros casos, no hay capacidad para analizar un texto y valorarlo, se tiende a ver su cercanía con un modelo: lo que se acerca es bueno, lo que no, malo.

La apuesta es grande y constantemente aparecen nuevas revistas mientras las de los estados se mantienen en algunos casos, entre ellos Cantera Verde, de Oaxaca y Albatros Viajero, de Tabasco, esfuerzos verdaderamente heroicos. Hay también cierto auge de las revistas de temas “oscuros”, lo dark, lo punk. En este contexto, Mandrágora ha vuelto a salir. Entre las nuevas Sangre y cenizas.

Las revistas del poder ya desaparecieron. De vez en cuando hay brotes, pero mueren pronto; no hay compradores. Sólo Tierra Adentro y porque es mantenida por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y Letras Libres, heredera de, de Octavio Paz, continúan. El sostén real de Letras Libres, cuyo tiraje lejos de aumentar tiende a disminuir, son los anuncios de uno de los grupos de los medios electrónicos: Televisa. Por eso la revista es ultraderechista, ironía del nombre, y a veces incluso fascista. En sus páginas poco se le dedica a la literatura y ese poco es a los autores “de reconocido prestigio”. Esta es la peor de todas: trafica con la cultura navegando con bandera de “culta” cuando número a número nos demuestra que conocen una muy pequeña parcela de la literatura y que cuando llegan a tratar otra, resbalan, como en el caso del Frankenstein de Mary W. Shelley, del que afirmaron estupidez y media. Las universidades mantienen revistas propias tan elitistas como las que más y conceden premios a diestro y siniestro, volviendo a muchos autores “premiados” de papel de la noche a la mañana, aunque a todas luces sus obras no valgan ni el papel que en ellas se utilizó como soporte.

La UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) edita la Revista de la Universidad Nacional, Punto de Partida y Periódico de Poesía, las tres aborrecibles, sin apoyo real, en lucha contra lo imposible. La UNAM tiene varias carreras de “letras”: Letras Clásicas, Letras Hispánicas, Letras Modernas (portuguesas, alemanas, inglesas y francesas) y Literatura Dramática y Teatro. La Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) edita Cultura Urbana, que ahora tiene su propia colección de libros, una pésima revista de textitos mal redactados y en su mayoría carentes de interés para el público en general. La UACM concede también apoyo a revista de estudiantes de la misma universidad. Las que he visto hasta ahora carecen de orientación y se pierden en el fango de lo repetitivo, a lo que denominan vanguardia. La UACM tiene una carrera de letras: Creación Literaria. En este caso falta lectura, tanto a los redactores de Letras Libres como a los de las revistas de estudiantes, y una ligera dosis de autocrítica.

La Asociación de Escritores de México, mencionada ya en mi anterior ensayo, fue abandonada por el grupúsculo que trataba de controlarla, los Campbell y Complot y pasó a manos de Jocelyn Pantoja, quien fuera subdirectora de Evolución, revista afiliada a Equipo Mensajero, al lado de Rodolfo Grajales, su director. La asociación al fin está trabajando. Al mismo tiempo que aparecen los títulos de la colección Limón partido, van sucediéndose los números del periódico Literal. El peligro, como siempre, es la calidad de lo publicado, pero esperemos que para ellos no sea así.

Las llamadas “editoriales independientes” cobran auge frente a la despiadada tiranía de las grandes editoriales y sus distribuidoras. Muchas de las editoriales de tamaño medio y otras de las “grandes” se diversificaron y ahora son también distribuidoras, pero el porcentaje que cobran es asesino: 80%. El periódico La Jornada daba cuenta en estos días de que era el 70%, pero esto es algo ya viejo; el porcentaje ya aumentó. Las editoriales “independientes” nacen y mueren de manera constante. Hay algunas que cobran a los autores por publicar, otra no son tan “independientes” como dicen y otras hacen lo posible por sobrevivir. Estigia pertenece a este grupo. Durante 2005 y 2008, ha publicado 6 títulos: Mi hijo, el lobo y otros cuentos de terror, de Janitzio Villamar; Cuentos de todo lar, de Rosa María Esquivel; Nave comando “Emperador” y otros cuentos de ciencia ficción, de Janitzio Villamar; Cantos para Eliluna, de Armando Ortiz Valencia y Mudez enardecida, de Martín Jiménez Serrano y Canción de navidad y otros cuentos de terror, de Janitzio Villamar.

Pronto aparecerán también Danza de los lagartos, de Daniel Gutiérrez Pedreiro y España, aparta de mí este cáliz, de Janitzio Villamar, así como una traducción de Las flores del mal, de Charles Baudelaire. Pocas son las editoriales “independientes” que apuestan a la comercialización, la mayoría prefiere vender sus ejemplares de mano en mano y algunas otras han optado por hacerlo a través de internet. Editoriales como Sexto Piso, Fridaura y Andróginos hacen sus apuestas por autores nóveles y otros no tanto, como los clásicos a la altura de Orwell, Otto y Detiénne publicados por Sexto Piso, acierto de esta editorial. Fridaura está ligada a una revista de nombre Cuiria; su esfuerzo es bueno, fundamentalmente en el campo del diseño editorial, pero malo en la elección de textos, en su mayoría hasta mal redactados. Andróginos es ejemplo del sistema de ventas de mano en mano, aunque su apuesta sea de nueva cuenta, en muchas ocasiones, por textos que no valen gran cosa. En resumen, se necesita profesionalizar la edición.

Del lado gubernamental, el grupo que más destaca es el que antes conformaba al crack, con Jorge Volpi a la cabeza, autores que han desempeñado cargos a nivel gubernamental como embajadores y ahora, en el caso de Volpi, como director del canal 22 de televisión, supuestamente cultural. Lo que los caracteriza es su visión de la historia nacional. Los que antes era villanos ahora son héroes y son reinvindicados en sus obras, verdaderas entelequias de la argumentación falaz, que hacen eco a la ya mencionada Letras Libres del pseudohistoriador Enrique Krauze, quien sin fuentes confiables o interpretaciones muy dudosas han minado la imagen de Francisco Villa y Emiliano Zapata para resaltar la de Porfirio Díaz, entre otros. El discurso tras la narración es proclive a quienes gobiernan, razón por la que este grupo es apoyado económicamente: trabajos con excelente remuneración y publicación de sus obras en las grandes editoriales con tirajes inmensos y toda la maquinaria propagandística a su favor, ah, y también premios internacionales de literatura. Tienen lectores, pero no tantos como quisieran, como sus tirajes pretenden.

Como la política, la literatura en México sufre de corrupción. En ocasiones es un modus vivendi y no un fin. Los escritores escriben porque así comen, pero no comen porque así escriben. Es muy difícil separar ambos ámbitos. Lo que en la juventud comenzara como gusto y pasión se convierte en lo que da de comer a alguien. Los autores transforman el texto en producto y lo adaptan a lo que se les pide, a lo que se vende. Magníficos autores yacen en el olvido debido a sus ideas, otros son ampliamente publicados precisamente por sus ideas; algunos escriben porque es necesario escribir para la causa. En México, un escritor debe trabajar de otra cosa, menos de escritor, y dedicar sus ratos libres a escribir, pues sino corre el peligro, por el uso actual de la palabra como medio para difundir programas políticos, de vivir para escribir panfletos como los que premia el Gobierno de la Ciudad de México y casi todos los gobiernos de los estados. Sin embargo, es inevitable que suceda mientras no haya mayor conocimiento del proceso creativo, editores que verdaderamente conozcan su oficio.

Janitzio Villamar, es un escritor y periodista mexicano, corresponsal de la Revista Sinalefa en México.

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