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Razones para leer:
"El loro de Flaubert"
Por Jorge Edwards

Jorge Edwards Valdés (Chile, 1931). Novelista chileno, en 1999 ganó el Premio Cervantes de Literatura. Autor de numerosas novelas y ensayos, acaso las más famosa de sus obras sea Persona non grata (1971), donde relata sus problemas en Cuba cuando era embajador de Chile en ese país.
A propósito de su visita a Chile, alguien planteó en la prensa la pregunta de por qué leer a Julian Barnes. Es una pregunta bastante curiosa, además de reveladora de los tiempos que corren. Barnes es un notable escritor; por momentos, un gran escritor. Aparte de eso, es un escritor original y que pertenece de lleno a la literatura, no a los medios, ni al mercado, ni a la farándula de alguna especie. No hay necesidad de razones para justificar su lectura. La justificación completa de su lectura es su escritura, su dominio del arte narrativo, su gracia literaria. Ahora somos grandes aficionados a las justificaciones teóricas, a la jerga y a la jerigonza, que todos tratan de usar y que no todos entienden.
Letras Libres
Lo primero que leí de Barnes fue “El loro de Flaubert”. Me divertí mucho con ese libro, me reí de buena gana, sentí la presencia del gran misterio de la creación literaria y a la vez la de sus miserias y su lado grotesco. No he sido nunca tan flaubertiano como, por ejemplo, Mario Vargas Llosa, que convirtió a Flaubert y hasta a una de sus invenciones, a Emma Bovary, en objetos de un culto casi religioso. Y al observar el humor de Barnes, al compartirlo en buena medida, tuve la impresión de que él tampoco es un fanático de su ídolo, por más ídolo que sea; de que guarda algunas distancias y de que se permite notorias impertinencias. En otras palabras, Flaubert es un personaje de Barnes, pero es un personaje que tiene una dimensión enigmática y superior. Y hay momentos en que Barnes, creador de Flaubert en “El loro de Flaubert”, es decididamente inferior a su criatura. Lo cual demuestra, por un lado, el talento del inglés y, por el otro, la grandeza del maestro francés del siglo XIX. (...)
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