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Joseph Conrad, la dura piel del solitario
Por Alfonso Cueto
Qué es lo que hace que los seres humanos continúen con sus vidas? La pregunta, instalada en la obsesiva mente de Joseph Conrad(1857-1924), desató la escritura maniática de libros como “Nostromo”, “Lord Jim” y “El corazón de las tinieblas”; obras que en su momento fueron despreciadas por la crítica y el público, y sin las que hoy no podríamos entender la tragedia del hombre moderno. A 150 años del nacimiento de este viejo lobo de mar, Alonso Cueto repasa la obra de “un extranjero en todas partes”.
El universal
A comienzos de 1905, cuando Joseph Conrad y su familia viajaron a Capri, el escritor se encontraba bastante frustrado con su vida. El año anterior había terminado una de sus obras maestras, “Nostromo”, lo que le había granjeado algunos pocos comentarios favorables. Su nombre tenía ya un cierto prestigio en los círculos literarios ingleses. Sin embargo, era una época extraordinariamente difícil. Su esposa Jessie tenía una dolencia en la rodilla, y había hecho el viaje en una silla de ruedas. Por otro lado, él nunca se había recuperado de sus ataques de gota y de las consecuencias de una malaria. El esfuerzo de escribir Nostromo lo había dejado exhausto. Pero este libro, sin duda una obra maestra, había sido un fracaso en las ventas. Hasta entonces había vivido con préstamos bastante frecuentes de su agente Pinker. Y los ingresos por sus libros eran mínimos y sabía que lo seguirían siendo durante un tiempo (en una carta a un amigo contabilizó que sus ganancias del año 1908 llegaron apenas a las cinco libras). (...)
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