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Los padres, las instituciones privadas y el Estado
Por Alexander Torres Mega
Un rasgo característico de los países verdaderamente libres es el reconocer y otorgar garantías a la libre iniciativa de los particulares en materia educativa y, por tanto, asegurar el funcionamiento de instituciones privadas de enseñanza en todos los niveles. Es más: los estados democráticos las estimulan porque reconocen la fecundidad propia de la libre iniciativa y, únicamente actúan en forma subsidiaria o supletoria para atender posibles carencias o evitar eventuales perjuicios.
En las antípodas del mundo libre se ubican los regímenes socialistas, idólatras del Estado, que impusieron el monopolio de éste en materia educativa y cultural. Es el estigma de esos desgraciados países que impidieron toda forma de iniciativa privada y sometieron la educación a las directivas de los respectivos partidos marxistas. En esos estados negadores de libertades y derechos, educadores y educandos fueron convertidos en instrumentos al servicio del único partido existente.
En los estados democráticos se garantizan los principios de libertad de enseñanza y de subsidiariedad y, en consecuencia, se rechaza toda concepción ideológica que -como la marxileninista- propugne la imposición del monopolio estatal en educación.
En suma, digámoslo clara y terminantemente, el principio fundamental que debe regir en materia educacional es el de la libertad de los particulares mientras que al Estado le corresponde cumplir una función subsidiaria o supletoria. (...)
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