Revista Sinalefa
SINALEFA
Revista Internacional de Arte y Literatura
Desde New York, E.U.A.
Director: Rafael Bordao

El mar como Testimonio Histórico en la Obra Poética de Rafael Bordao

Conferencia leída el pasado 26 de julio en XXVIII Congreso del Círculo Iberoamericano de Cultura que tuvo lugar en el Koubek Center de la Universidad de Miami.

Por Herminia D. Ibaceta

El Profesor Mordecai Rubín se refiere al mar en los siguientes términos, cito: “¡Qué historia!, que amorío incesante la fascinación del ser humano ante el mar! (F de C)1. Es cierto, por su inigualable belleza, por su poderío, por su misticismo, por la vida que entraña su constante movimiento, por la vida y la muerte que encierra en su abismos, el mar ha ejercido y ejercerá siempre una indiscutible atracción sobre el hombre, más sobre el poeta, que entendiendo la música del oleaje lo convierte en confidente, lo canta, tomándolo como espacio para su vuelo.

Siguiendo al Profesor Rubín, cito: “Para Juan Ramón Jiménez era el infinito, el consuelo, el movimiento inmóvil. Para el mejicano Gorostiza era un símbolo de forma flexible y contenido cambiante, pero constante como es la vida o como debe ser el poema. Para Antonio Porpetta, poeta alicantino contemporáneo, el mar es la inspiración sentimental que esconde experiencias y fantasías múltiples. El y el Mediterráneo se poseen mutuamente., (F de C) 2.

Larga es la lista de poetas que pueden mencionarse: Recordemos a Paul Valery, simbolista francés con sus poemas: “ La Joven Parca” y el “ El Cementerio Marino”; al chileno Pablo Neruda con “Alturas de Macchu Picchu IV”, “Quiero volver al sur” y “Los Oceánicos” de su “Canto General”, y a la argentina Alfonsina Storni en “Frente al Mar”, entre otros muchos. El mar como paisaje, el mar como poderoso elemento natural, el mar como enigma, el mar como lugar para descanso eterno, el mar como liberación, pero siempre el mar, en la vida y el recuerdo de todos ellos. Para Rafael Bordao, poeta cubano del grupo del Mariel, el mar asume una nueva connotación: “El mar como testimonio histórico:”

Sabemos que la obra poética está estrechamente relacionada con la vida del que la escribe. La poesía no se piensa, se siente. El paisaje, los afectos, las tristezas y alegrías, la soledad, así como todo sentimiento capaz de conmocionarnos, quedan en nosotros pudiendo convertirse en poemas. Por eso Cuba, su mar, y las experiencias en ellos vividas han marcado, como puñales, la obra poética de Rafael Bordao.

Nació nuestro poeta en La Habana, Cuba en 195…, y en La Habana, realiza estudios de Lenguas y Literatura Hispanoamericana; allí publica, también, sus primeros poemas. En 1980, impulsado por su amor a la libertad, se une a los poetas del “Éxodo Mariel-Cayo Hueso, estableciéndose en New York, donde aún reside. En esta ciudad continúa estudios superiores, hasta recibir, después de presentar su re-conocida Tesis Doctoral sobre el poeta cubano Reinaldo Arenas, el Ph.D en Columbia University. Desde entonces, ha sido Profesor de Español y Literatura en la citada Universidad, así como secretario de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York. En el año 1988 fundó la revista internacional La Nuez y la Editorial Arcas-Palmar. En el 2002 sale a la luz su nueva revista “Sinalefa”, reconocida, al igual que la anterior, por su excelencia en el género. La poesía de Bordao figura en más de 30 antologías nacionales e internacionales, siendo parcialmente traducida a los idiomas inglés, francés, italiano, portugués y hebreo.

El año 1986 marcó el comienzo de sus ya numerosas publicaciones con su poemario “Proyectura”, al que siguen: “Acrobacia del Abandono”, en 1988” , “Escurriduras de la Soledad” y “El Libro de las Interferencias (bilingüe), en 1995; “El Lenguaje del Ausente” y “Propinas para la libertad”, en 1998 ; “Los Descosidos Labios del Silencio”, en el 2000; “Los Despojos del Sueño” (bilingüe).en el 2001 y
y una nueva edición bilingüe de ”Escurriduras de la Soledad”, ahora en el 2008. Cuenta, además, con dos libros de poesía infantil y un libro de crítica social en prosa, “La Revolución de Castro: Un Aborto Perfumado (1999).

La poesía de Bordao ha sido varias veces premiada. Entre los galardones internacionales recibidos se cuentan: El Premio “Agustín Acosta”, Miami, 1988; “Poeta en New York”, 1997 y el “Fernán Esquío”, Galicia, España, 1998. Gana, además, dos Menciones de Honor: una en Miami, 1986, y otra en Francia en 1998. Su libro, “El Lenguaje del Ausente” fue finalista del Premio Internacional “Emma Egea”, Cartagena, España 1997. También en este año, La Academia de Artes, Ciencias y Letras de Francia le concede el título de “Homme de Lettres” (Medalla de plata y Diploma) por su obra poética.

La poesía de Rafael Bordao está enmarcada en las nuevas corrientes poéticas que practican la libertad de expresión, no constreñida a los límites impuestos por el clasicismo. Es la suya una poesía de contenido, que abarca lo íntimo esencial, expresado con absoluta vehemencia. Su lenguaje fluente juega con imágenes nuevas, frescas, permitiéndole hablar de temas cotidianos que al final enlazan conceptos trascendentes. Desde un principio desencadenó su inspiración, levando vuelo en busca de más amplios horizontes. Sin lugar a dudas, en la búsqueda encontró el camino, y una vez dueño de su decir vuelca en sus versos su mundo interior. Observador y amante de la naturaleza a la que considera: “Fundamento de la vida”, halla en ella fuente inagotable para sus temas. Nada de lo que le rodea le es ajeno. En constante interacción con el medio ha ido conformando ese mundo de experiencias, de sentimientos; ese paisaje íntimo que constituye la esencia de su trabajo poético.

Un recorrido por su poesía nos permite trazar la ruta de su vida, desde la infancia a la adultez, así como penetrar en el recinto del alma de un desterrado. Sus imágenes crudas nos enfrentan con angustias, incertidumbre, sentimientos de soledad, abandono, nostalgia, frustración y rebeldía ante la esclavitud de la Patria, que a diario añora. Su paisaje interno es triste y solitario. En los poemas “Impromptu”, “El Acecho”, “Himno al Follaje” el sentimiento de hastío, y de soledad apuntan por todos los recodos de parques o campos a los que describe como: “Penitentes, con hojas mustias, árboles amputados, y en los que palomas y gorriones, ajenos a su pena, hacen trizas de su gozo (16). Hay en sus versos un profundo sentimiento de lejanía de lo amado; las experiencias vividas pesan en su juventud, dice: “Con un latido de siglo en la pupila” (15). Su soledad es la soledad de quien, en medio de un mundo que le es ajeno, extraña hasta el aire que alguna vez le perteneció. Bordao busca la luz, se rebela queriendo ser como el ave y poder trascender su vuelo para encontrar su propia esencia. El poeta se duele de una infancia en la que no le dejaron soñar, una infancia en la que declara: “Vivió entre la angina de las olas” (8). En el poema “Senda de Agua” cuenta a su padre: “Salgo a la superficie / sin oxígeno y sofocado, / cianótico y moribundo / cual boya a la vista de un público indolente /. Salgo a la superficie -al fin-: desterrado (7).
De un pasado que no vuelve, nuestro poeta, salta a un mundo que hiere y sofoca y en medio del bullicio de la populosa urbe neoyorquina, donde reside, resiente la lejanía: “Alfileres de distancia me perforan la piel / Días como éstos; / desgañitándome entre las calles sordas, / sin paz, sin aviso de Dios / esputando el Marxismo / sintiendo que la Patria fluye / como un desbordamiento misterioso (17-18). En “Oración de Exilio”, lamenta la ausencia y regresa a su isla en un viaje de sueño y pensamiento:

“Estoy a una nación de distancia / Patria / ¡Voy a cerrar los ojos para verte despierta (21). Un tajante sentimiento de rebeldía le induce a clamar contra el olvido: “Que no se olvide el desterrado de sus calladas promesas / ni de las puestas de sol / que no se olvide de los muertos / que no se vaya a olvidar del peso de la sangre / ni de la incorpórea ceniza del adiós” (25).

La meditaciones de Bordao sobre el exilio lo llevan al poema “No Basta”, en el que fustiga la indiferencia de algunos de sus conciudadanos que, envueltos en la vorágine de una nueva sociedad, han relegado a un segundo plano sus deberes patrios: ”No basta con decir / yo nací en Cuba. / No basta con vivir lujosamente en un apartamento de Park Ave / cuando hay miles de náufragos / que salvar y un risco de dolor / que disolver (10).

Bordao, el hombre; Bordao, el desterrado; Bordao, el poeta, constituyen una misma entidad, que se rebela y clama no sólo por su mundo cercano -Cuba- sino por ese otro mundo gigantesco en el que giramos todos, como apuntan sus versos: “En la locura del no ser, siendo; del no estar, estando” (14). Su sentido de humanidad trasciende en el poema, “Entre Duendes y Nibelungos” en el que después de analizar el mundo, boga por una fórmula que nos permita encontrarle un sentido. Cuando clama: “Hagamos silencio y escuchemos como rugen las fieras en el vientre del mundo / y después ordenemos una dosis de amor desde nuestros refugios/ para los que se acuestan sin comer en cualquier área del planeta (16).

Pero, volvamos al poeta y sus musas esenciales: Cuba, su duelo y el mar. En el poema “Canción para el Ausente” alude, nuestro poeta, a la fuga de los cubanos de su tierra: “Tu gente en incesante fuga/ vive agobiada de bulla/ con el alma en pena al margen de la playa / (27). Un análisis del citado verso, nos enfrenta directamente con la tragedia que vive el cubano y con la importancia que el mar puede tener en el alcance de la libertad que se persigue. El mar, como vemos, se convierte en un arma de doble filo: Liberación o muerte. La liberación entraña un nuevo comienzo; la muerte, el final de una historia que el mundo ignorará si el mar no se convierte en testigo, devolviendo a la orilla el producto de sus entrañas. Esa es, precisamente, la preocupación fundamental de Bordao, el sentimiento que domina gran parte de su poesía y hace que el mar sea tratado por este poeta con un significado diferente: “El mar como testigo de la historia”.

En el poema “La Joven Parca”, el poeta Paul Valery, presenta el monólogo de una joven mujer que contempla la vida y la muerte, sus enlaces y retiradas en un paisaje dominado por el mar, el cielo, las estrellas, los acantilados y el sol. Lazos de unión existen, por consiguiente, entre éste y otro poema de Valery titulado “El Cementerio Marino”, el cual es también una meditación sobre los temas expuestos y en el que, el citado poeta, imagina las diferencias entre ser enterrado en la tierra o en los abismos del mar. No se expresa en estos poemas alusión al mar como testigo de la historia. Tampoco Alfonsina Storni, sobre quien el mar ejercía una poderosa fascinación, habló de éste como testimonio. En su poema “Frente al mar”, Alfonsina se comparaba con éste y sintiéndose pequeña y miserable soñaba con ser como el mar era: “Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza / ¡Oh! Mar, dame tu cólera tremenda. / (70 / 71). En su poema “Un cementerio que mira al mar”, Alfonsina, como Valery, medita en los muertos que yacen en tierra, frente al mar, describiendo como en una noche tremenda, al volcarse el mar sobre la tierra, los eternos contenidos gritarían: “Venid olas del mar, rodando, venid de golpe y envolvednos como/ nos envolvieron de pasión movidos / brazos amantes (91). A la hora de su muerte, Alfonsina, procuró para su cuerpo refugio en el mar; su cuerpo, nos dice, quería: “Echar raíces sobre la carne verde del mar” (33). Quizás, sin pretenderlo, Alfonsina buscó al mar como testigo. Quizás el mar, en íntima comunión con su espíritu, devuelve su cuerpo a la orilla convirtiéndose en testigo de su infortunio.

Para el chileno, Pablo Neruda, como para los ya recordados poetas, el mar, anudado a su vida, ejerce una poderosa atracción. Neruda recordaba su vida en el sur, su raza, su mar. A su raza pedía: “Ciérrame los ojos ahora / antes de unirnos al mar/ de donde vienen los dolores (90). A veces, lo ve como paila en la que hierven grandes olas de plomo (396). Y recuerda la amenaza de las grandes torres del océano, / la ola que corre y sube sin medida, / el grande, arrollador trueno marino (36-370). Vida o muerte, el mar estaba en sus venas, corría por ellas / y al mar se volvía pidiendo: “Tráeme un día del Sur, / un día agarrado a tus olas/ un día de árbol mojado / trae un viento azul polar a mi bandera fría (141). Ni Valery, ni Alfonsina ni Neruda coinciden con Bordao en mencionar el valor del mar como testimonio histórico, sin embargo, Neruda sí conviene con Bordao en su sentido de liberación al asegurar: “¿A quién no escucha el mar? / a éste yo acudo, / y sin hablar ni ver / llego y abro la puerta del encierro. Debo oír y conservar el lamento marino en mi conciencia/ para que donde esté el encarcelado / yo esté presente en una ola errante / y le transmitiré los ecos estrellados de la ola / y así, por mí, la libertad y el mar responderán al corazón oscuro (337/ 338).

También, nuestro poeta Rafael Bordao, se vuelve al mar buscando en él un camino que le permita rescatar la libertad perdida. En la sección final de su libro “Escurriduras de la Soledad”, el poeta habla a “Sobel”, quien representa el afán de libertad de los que escapan de la opresión y le pide que vuelva sus ojos, sus oídos al cielo, que escuche su voz y mire la imagen de su pueblo buscando el equilibrio (1). Bordao anhelaba como se indica en los Salmos (76-77): “Por entre el mar hacer una senda, /abrirse camino por entre las aguas inmensas” (46).

Empero, nuestro poeta, no está conforme con la libertad que pueda obtenerse a través de ése, su mar. No todo el que emprende esta riesgosa jornada llega a las puertas de la libertad. Son miles los ahogados en el golfo; miles los que no podrán contar los horrores de una travesía tal. Y Bordao se preocupa, sufre, y quiere que el mar ofrezca la evidencia irrefutable a los incautos; a los indiferentes, a los incrédulos, a los que todavía tuercen y niegan la verdad. Con este desasosiego llamando a las puertas del alma, con la autenticidad del sentimiento que lo invade, con ese lenguaje rotundo que caracteriza su decir, escribe los poemas de su libro “Escurriduras de la Soledad”, algunos de los cuales, repite en libros siguientes como reafirmación a lo expuesto. En este envío, Rafael no nos presenta al mar sencillamente como paisaje. Uniendo su angustia a la de todos aquellos que, como él, vieron en el mar la única posibilidad de ser libre, une al lector, en un mismo destino con el hombre que busca libertad y con el mar en todo su hermetismo, su potestad y arrebatada furia. Nuestro poeta le habla entonces a las olas, a las mareas, a las resacas, al mar de fondo.

En” Oleaje”, primera sección del libro, en el poema , “Ola Dos” dialoga con el mar e intuyendo la presencia de la muerte, cuenta sobre el viajero , que según sus palabras: “Mira los peces más brillantes / el espinazo de un bote carcomido por el menosprecio de la soledad, / sobras que emergen, espectros de memorias / que se destiñen y pudren, / allí donde la palpitación del agua / interrumpe el brevísimo coito de lo peces (10). En medio de su inquietud, Bordao, le pide al mar que salve la memoria de estos hombres: “¡Zambúllelo en tu legítima demencia/ y sálvalo de tu voracidad constante! / Escupe sobre esas playas impertérritas/ sus ininteligibles dolores, / y déjalo encima de las rocas/ como un desembarco de letras (15). En Marejada, segunda sección del poemario, nuestro poeta, como en los Himnos “Órficos, invoca al océano, continuando su diálogo con las olas, cuyos colores representan sueños, intentos, despedidas, fracasos y muerte, para terminar hablándole a la “Ola Negra” en los siguientes términos: “Voltea, ola, tu inmarchitable/ corazón nervioso, / las voces que se apagaron / en el desamparado infinito, / las tablas del infausto bote/ que resoplaban sus fobias, su brisa de misterio, / vencidas por la sonoridad de los gritos (30).

La resaca cobra en “Mar de Fondo” -Tercera Sección- una fuerza extraordinaria y el poeta describe con singular realismo sus imágenes: “Sobre tus aguas un bulto / “tal vez un brazo que rema / contra la desmemoria / acaso un atisbo de hombre / entre el designio de las aguas / un cuerpo exhausto, ininteligible/ flotando en el famélico golfo (33). En este verso el poeta hace alusión directa a los que mueren en esta travesía y reclama al mar que no les deje cautivos, que los devuelva a la vida para que sean testigos del engaño: “Arrima su cuerpo de salitre a las riberas serenas del mundo, / desata con tu potestad sus vendas / lánzalo como una espina de pescado, desde tu sufrimiento de marea, / al lugar más triste de la orilla” (34). “No lo dejes disperso en tu reminiscencia / encerrado en el agua como un prisionero” / absorto en el poder de la quimera / inmerso entre pálpitos y anzuelos / expectóralo / dale constancia para refutar engaños / arruina con tu sal sus soledades / (38). En Resaca 10, Bordao se pregunta: ¿Quién lo ha lanzado al precipicio / de este mar profuso y derrumbado, / donde se ahoga la muerte / sin una gota de prisa / con su anémico rostro indiferente? (42). Y entonces, la súplica del poeta, vuela aún más alto que las ondas del mar, y remonta el infinito en busca del Supremo: “¡Oh Dios! / no quiere ser aditamento del mar / ni estar flotando en cruz / como un solemne espantajo./ ¡No destroces con tus hachas su único bote! (41).

Hay una poética frase de Vicente Huidobro que dice: “Mi alma está sobre el mar y silba un sueño”. También lo está la de Rafael Bordao quien, en versos definitivos, concluye: “No renuncies al sueño, Sobel, guarda tu luz para el grito más oscuro / para el viaje más rotundo y esquivo / guarda las huellas y el paisaje / y pon tu corazón insular / sobre el mar copulativo/. Ahíta de individuos tu lancha / como una ofrenda a un Dios de circunstancias, honra / tu rastro sobre el suceso ineluctable / flotando junto a la espuma, late en las ondas” (52).

En estos versos, Bordao, expresa la esencia de su sentir, de su consejo, de su reclamo. De sueños y realidades vivimos y el poeta lo sabe. “No renuncies al sueño”, dice. Mensaje alentador que nos alcanza a todos; sabias palabras, ya que nunca un pueblo se perderá, definitivamente, mientras sea capaz de izar en el mástil más alto la bandera de los sueños. Pero ahí no termina su protesta: “Late en las ondas”, exclama. Sí, latir en las ondas, esa es la misión última. Así, si no se llega a la anhelada orilla, si no es la libertad el premio, al menos que el mar devuelva las pruebas del martirio, que las mantenga a flote, para que nunca más pueda negarse, la verdad de la historia.

Herminia D. Ibaceta (Madruga, La Habana). Poeta, ensayista y profesora cubana. Ha escrito los siguientes poemarios: "Canto a Cuba";" Ondas del Eco"; "El amor resucitado"; "Amor y filosofía"; "En pos del rumbo"; "La incertidumbre de las hojas" y "Estatuas sin retorno" (2008). Ha publicado poemas y ensayos en diferentes revistas literarias. Es miembro del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio. Reside en La Florida.

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Sinalefa No.20

Dios es imaginación, el arte es el más profundo de todos los indicios de inmortalidad.
Sparkenbroke

Escurriduras de la Soledad, de Rafael Bordao

Teachers College de Columbia University, 1998
Desde la izquierda: Rafael Corbalán, Nicolás Toscano,
Odón Betanzos, Carmen Fernández Klohe, Rafael Bordao
y Gerardo Piña-Rosales.

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