|
Literatura Fantástica
Consume o Muere
Por Jordi Costa
Ingenios autoeróticos que permiten sodomizar a déspotas, dibujos animados entrenados para el combate… Bienvenidos a tierra firme, la sociedad creada por el escritor cubano Juan Abreu en Garbageland.
Juan Abreu

Diseccionar la realidad inmediata, contemplar sus vísceras con ojo clínico y aventurar el progreso de sus incipientes tumores. Ése es el secreto de la antiutopía, modalidad de la literatura fantástica que, hasta el momento, ha concebido futuros pavorosos regidos por el control absoluto —1984, de George Orwell, cuna de Gran Hermano— o por la selección genética Un mundo feliz, de Aldous Huxley—. En Garbageland (Mondadori), el escritor cubano exiliado Juan Abreu (La Habana, 1952) presenta una sociedad futura —Tierra Firme— que, de alguna manera, es una versión amplificada de nuestro presente: un mundo estratificado según los índices de consumo que ha convertido a Cuba en vertedero y ha elevado el concepto de entretenimiento a dogma de fe. Con un estilo discontinuo y veloz en el que los conceptos más agresivos se suceden como las pantallas de un videojuego, el autor ha creado un universo brutal y deshumanizado, donde coexisten letales Cánceres Disney —agresivas formas de vida inspiradas en los dibujos animados y entrenadas para el combate—, una versión virtual de la performer Orlán —artista francesa que remodeló quirúrgicamente su cuerpo inspirándose en modelos de la pintura clásica—, peligrosos pandilleros y sofisticados ingenios autoeróticos que permiten al usuario sodomizar a cualquier dictador del siglo XX. Garbageland es el primer título de un ciclo de novelas que se prolongará con Orlan Twentyfive y El masturbador, títulos en los que este escritor que divide su tiempo entre Miami y Barcelona trabaja en la actualidad. Abreu charló sobre todo ello con Tentaciones a través de Internet.
Tentaciones. Como todas las antiutopías, su novela habla, a fin de cuentas, del presente. ¿Vivimos ya en la sociedad que usted describe?
Juan Abreu. Vivimos en la frontera de una nueva época que cambiará para siempre eso que conocemos como sujeto occidental, producto de una cultura basada en la lectura. Estamos en el umbral de Tierra Firme, a nuestro alrededor crecen sus paisajes, devorando aquellos paisajes físicos y espirituales a los que hemos pertenecido hasta ahora. Hay que inventar otros mundos para hablar del nuestro.
T. Al contrario que muchas antiutopías clásicas, su Tierra Firme es un infierno hedonista. ¿Se equivocaron los escritores de ciencia-ficción que imaginaron una humanidad esclavizada?
J. A. Yo viví más de la mitad de mi vida en una sociedad totalitaria disfrazada de utopía en construcción. Pero el mejor esclavo es el esclavo feliz, satisfecho, que ni siquiera sabe que lo es: ése es el mayor descubrimiento de los nuevos esclavistas de la sociedad de consumo. La humanidad necesita entretenimiento y la ilusión de que es libre. Sólo la ilusión. Los teólogos e ideólogos del consumo son mucho más hábiles que los dictadores comunistas o fascistas. En Tierra Firme lo único prohibido, lo único que es un pecado es no consumir y aburrirse.
T. ¿Podría hablarme del papel que desempeña la mitología Disney en su novela?
J. A. La mitología Disney tiene un importante papel. No olvidemos que el propio Walt Disney está congelado esperando su resurrección tecnológica. El mundo del futuro tendrá una estética estilo Disneyland. En las novelas del ciclo Garbageland, Dios tiene orejas redondas y se parece mucho a Mickey Mouse. Siempre me ha llamado la atención que un ratón espeluznante como ése sea uno de los símbolos de nuestra civilización; un personaje más conocido y amado que Proust, Kafka o Caravaggio.
T. Su novela posee una estructura fragmentaria y combina dos registros de lenguaje antitéticos. ¿Por qué ha optado por estas arriesgadas soluciones formales?
J. A. Porque quería hacer una novela realista y así es como veo la realidad de hoy. Nuestra realidad no es la de la novela del siglo XIX, aunque muchos escritores se aferran aún a ella. La novela está escrita a dos ritmos, a dos corrientes. Una lírica, que remite al agua, al esplendor de la naturaleza, próxima a los textos de los Diarios de campaña, de José Martí, y otra entrecortada, fragmentaria, que aspira a trasladar a la literatura el lenguaje veloz y feroz de los videojuegos y la parafernalia tecnológica moderna. Una corriente nos trasmite placer y libertad, la otra sólo la ilusión del placer y la libertad. El conflicto rítmico y lingüístico del libro trata de mostrar la agonía del mundo real y el advenimiento de un mundo ilusorio que lo suplanta.
T. ¿Supone el capítulo titulado El masturbador —en el que un personaje sodomiza a un dictador con rasgos de Fidel Castro— un brutal ajuste de cuentas con la historia reciente de Cuba?
J. A. Me interesa la literatura como forma de venganza, de rebelión. Ahí ajusto cuentas a la idea del macho dictatorial y omnipotente cuyos representantes han sido una verdadera plaga en el siglo pasado y aún lo son. Detrás de todo dictador hay una figura fálica, odiadora de su lado femenino, abusador y misógino. La historia del mundo sería mucho mejor si los hombres aceptaran la mujer que tenemos dentro. Ese capítulo podría verse como una venganza, pero prefiero pensar en ello como justicia poética.
T. En su libro A la sombra del mar, usted rememora la relación que mantuvo con Reinaldo Arenas dentro y fuera de Cuba. ¿Cómo contempla el revival que está viviendo la obra de Arenas a raíz de Antes que anochezca?
J. A. En A la sombra del mar conté experiencias de mi vida compartida con Reinaldo en la Cuba de los setenta. Disfruto emocionado la atención que la película de Schnabel, basada en Antes que anochezca, ha provocado alrededor de la figura y la obra de Arenas. Sobre todo en lo referente a su obra. Es el escritor cubano más importante nacido en los últimos 50 años y merece que los lectores españoles lo descubran y aprecien por lo que es: un gran escritor, un hombre valiente e íntegro que se negó a sacrificar sus principios por miedo o conveniencias, en una de las épocas más sucias y sumisas de la historia de mi país.
Jordi Costa (Barcelona, 1966) es un escritor y crítico cultural español. Autor de los libros "Hay algo ahí afuera" (1997), "Mondo Bulldog" (1999),"Vida Mostrenca" (2002), "Carles Mira: Plateas en llamas" (2001), "Todd Solondz: En los suburbios de la felicidad" (2005) y "El sexo que habla" (2006), junto a otras obras colectivas o en colaboración, entre las que destacan "Profondo Argento" (1999), "Franquismo Pop" (2001), "Tierra de nadie" (2005) y "El Quijote. Instrucciones de uso" (2005). Reside en España.
|