Revista Sinalefa
SINALEFA
Revista Internacional de Arte y Literatura
Desde New York, E.U.A.
Director: Rafael Bordao

SPAM

Por Alberto Castellón

Alberto Castellón

Al margen del libro en su formato estándar y de los mecanismos habituales para su difusión, en cada época de la historia siempre hubo otros métodos para transmitir literatura, artimañas que no precisaran del papel o de sus equivalentes, papiro, mármol, tablas de arcilla..., y que convivían con los volúmenes impresos y competían con ellos en la tarea de narrar historias, bien ficticias, bien reales, bien entreveradas de ambas alternativas. Dejando al margen a las artes escénicas, piénsese, por ejemplo, en los contadores de cuentos, que solo disponían de la palabra y la gesticulación, en los juglares o trovadores, ya ayudados de instrumentos musicales, o en los cantares de ciego en los que comienzan a introducirse innovaciones tecnológicas como son las viñetas gráficas. La edad contemporánea, cómo no, también ha proporcionado nuevas vías de comunicación literaria ajenas a las librerías. No quiero meter en este saco a la prensa, aunque sí al panfleto, a la pintada, a las páginas web dedicadas a la poesía o la narrativa, o al blog.

Pretendo hablar aquí de mi experiencia personal en este campo. Y es que hace años, con el fin de llegar a nuestro público potencial, un grupo de jóvenes que aspirábamos a convertirnos en escritores urdimos diferentes tretas con que burlar la implacable aduana de las editoriales, por entonces bastante remisas a aceptar nuestros queridos manuscritos. Pasado el tiempo, algunos de nosotros hemos conseguido publicar muchas de nuestras obras a la manera tradicional, o sea, mediando la imprenta, el contrato, los derechos de autor, la presentación en acto oficial, las firmas de ejemplares, etcétera. (He de citar aquí a dos de aquellos amigos, Alfredo Taján y Lucía Etxebarria, con quienes acabé coincidiendo en alguna editorial. Avatares de la vida.) Una las técnicas que practicábamos consistía en iniciar cadenas de cartas. ¿Se acuerdan de aquellas misivas sin remite que uno recogía extrañado del buzón, aquellos sobres inofensivos que contenían una cuartilla mal mecanografiada a la que se adhería una monedita en una esquina? Pues en mi pandilla nos encargamos de mandar cientos de ellas. El truco no era muy original: fulanita no rompió la cadena, remitió 10 copias a sendas amistades y le tocó la lotería, o le salió un novio rico, o mengano no hizo caso del mensaje, lo tiró a la basura y lo atropelló un coche a la mañana siguiente, o se le murió la madre tras una terrible agonía de dos meses. Considerábamos esas fabulaciones como pequeñas piezas literarias, y así las redactábamos. Siempre invertíamos más imaginación en diseñar las desgracias que los golpes de fortuna. Y aunque el corsé de este género expresivo no permitía mucho juego, nos entusiasmaba alcanzar unas cifras de lectores comparables a las de los best-sellers. En ocasiones, aun meses después de iniciada la pirámide epistolar, recibíamos entusiasmados al cartero trayéndonos correspondencia en la que, pese a la lógica transformación de un texto mil veces reproducido, todavía se lograba reconocer a la fuente original. Qué bárbaro. Ni Ken Follet ni Blasco Ibáñez ni Stephen King ni Cabrera Infante ni Agatha Christie. Nosotros sí que sumábamos seguidores de nuestra inventiva por centenares de miles. Eso sí, sin fama ni reconocimiento ni importante contraprestación monetaria.

Para festejar el inicio del milenio, volví a reunirme en una cena navideña con casi todos mis antiguos compañeros. Entre las carcajadas que suscitó el recuerdo de la propalación de aquellas mentiras (el novelista, según Juan Carlos Onetti, es, al fin y al cabo, un mentiroso que ha hecho profesión de la mentira), propuse repetir la campaña, pero adaptándola a los avances en comunicaciones. No sé si el nombre de spam se adecua del todo a las acciones que perpetramos desde entonces. Sí, es correo basura, de acuerdo, aunque de eso solo somos conscientes quienes prendemos la mecha del primer e-mail. Por otro lado, nuestro objetivo dista mucho de lo comercial, amén de no infringir la Ley de Protección de Datos Personales pues la patraña se propaga a través de las carpetas de direcciones de los involucrados y contando con su colaboración voluntaria. No se trata, por tanto, propiamente de spam, aunque lo llamaré así a falta de un sustantivo apropiado. Los destinatarios de nuestros mensajes, y este es el postulado principal de la flamante disciplina literaria, han de creer por completo en lo que leen, asimilarlo como verdades infalibles. Y si no se lo toman del todo en serio, al menos que les surja la sospecha o admitan un atisbo de duda. Como toda ficción que se precie, nuestros spam deben cargarse de verosimilitud. Una técnica interesante, ya ejercida con éxito en las cadenas de cartas mencionadas arriba, se basa en despertar los miedos de nuestros lectores, en avivar, al estilo del 1984 de Orwell, los temores inherentes a los seres humanos.

Por ejemplo, hoy en día, la dependencia de los ordenadores ha llegado a tal punto que una de las mayores desgracias que le puede acontecer a alguien es la pérdida de la información almacenada en aquellos. Encabécese en tal caso el e-mail con un reclamo llamativo, un subject cuyo impacto impida el borrado directo, por ejemplo, MUY IMPORTANTE!!! o ALERTA EN LA RED!!! Imprescindibles, aunque no muy ortodoxos, se muestran los triples cierres de exclamación. No conviene emparejarlos con las respectivas aperturas pues la corrección ortográfica en Internet disminuye la sensación de veracidad. Aparte, claro está, de que los caracteres hispanos no se llevan bien con algunos sistemas informáticos. Y luego, en el cuerpo del correo, salpicado con aliteraciones, erratas, redundancias y solecismos, juéguese con la amenaza del terrible peligro que acecha en cada router del planeta: Muimportante. Remite esto a todos tus amigos. Si recibes un e-mail q diga NOS VEMOS EL SÁBADO enel asunto, NO LO ABRAS!!! No se te ocurra avrirlo, ni unque conoscas al remitente. Se trata del virus CHAVEZBUSH. Es muy dañino. Se replica tomando de tu computdora los e-mail d tu agenda. Por eso debes descomfiar. El birus ataka a tu disco duro comenzando por los progs menos usados hasta yegar a la dectrusión total. MANDA ESTE MENSAJE A TODOS TUS AMIGOS!!!! Ay que parar al virus CHAVEZBUSH!!!

Luego, se arroja el spam a Internet, que se encargará ella sola de expandirla en proporción exponencial por un grafo de conexiones a través del boca a boca moderno: las listas de direcciones de correo electrónico. La pequeña pieza literaria, si está construida con acierto, viajará por conexiones ethernet y WIFI y satélites geoestacionarios y redes corporativas con mayor eficiencia que el mejor de los distribuidores de librerías. Lo que llamamos en mi círculo de difusores de bulos el efecto boomerang, es decir, que regrese el e-mail a su fuente o riginal, acaba por confirmar el éxito de la operación.

Otro de estos opúsculos que alcanzó una enorme expansión lo concibió Espido, una de las tres mujeres de nuestro grupo. Fue objeto hasta de informaciones en la prensa pues jugaba con ficciones de violencia extrema y arbitraria al estilo de las narradas por Anthony Burgess en La naranja mecánica: Si sirculas d noche por la Interestatal 17 y bes en la cuneta a un Toyota con las luces apgadas, NO LE HECHES LAS RAFAGAS para abisarle. En el Tyotya van 4 sicopatas q esperan esa segnal para seguir al infliz que les a lumbrado hecharlo de la carretera de un volantaso y darle un palizon de muerte. RECUERDA, NO HECHES LAS RAFAGAS o termimaras en el cementerio.

Y el que alcanzó mayor popularidad (recibí correos del Uruguay, México y Filipinas), y aún circula por el ciberespacio, es el de la leptospirosis. Nada habría de raro en que usted lo haya recibido. Qué obra maestra del spam la que concibió Fernando, el médico de nuestro círculo. Y es que el detalle de incluir una circunstancia tan frecuente como la de beber de una lata de cerveza, todos lo hemos hecho alguna vez, asociado a la infección de una rara enfermedad transmitida por los orines de las ratas, proporciona un factor de credibilidad elevadísimo. Además, nada más lógico imaginarse a los roedores pulular por los almacenes de alimentación o las trastiendas de los supermercados. Un acierto indiscutible, desde luego.

Para acabar, confesaré aquí que en nuestras últimas creaciones nos valemos también de la subliminalidad. Pero no daré más detalles, pues le quita gracia al asunto. ¿Verdad? Usted puede ser uno de nuestros futuros lectores.

Alberto Castellón, autor español, su libro Regina angelorum, fue ganador del Premio de novela Felipe Trigo, 2007.

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La Rochefocauld

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